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Hace un tiempo asocié al “lado oscuro de la fuerza” a unas compañías muy conocidas por todos nosotros, pero que curiosamente no sabíamos nada de ellas y que han tenido un papel muy importante, y en la sombra, en toda esta crisis económica que estamos sufriendo: son las llamadas agencias de calificación o de rating: Standard & Poors, Fitch y Moody’s.

¿Por qué digo que el lado oscuro de la fuerza empieza a ser más claro? Porque hemos conocido que el gobierno federal de los EE.UU. está preparando una demanda civil contra Standard & Poors por su responsabilidad en el estallido de la burbuja inmobiliaria del 2008. Cuando se produzca esta demanda será la primera del gobierno contra una de estas agencias de calificación que tanto han hecho por llegar al punto en el que estamos.

A modo de detalle hay que decir que el mismo día que se anunciaba dicha posible demanda, las acciones de S&P cayeron un 14% en la bolsa. Por su parte, como suele ser habitual en este tipo de situaciones de crisis reputacional, la compañía indicó que la posible demanda “carecía de méritos legales o fácticos”.

Es curioso de nuevo  ver posiciones tan enrocadas en algunas marcas cuando sabes y conoces perfectamente cual ha sido tu comportamiento y cuales han sido tus prácticas habituales durante los años anteriores.

¿Y a las otras agencias les va a pasar algo? “Cuando veas las barbas de tu vecino recortar, pon las tuyas a remojar”. Efectivamente el gobierno federal de los EE.UU. está sospesando presentar otra demanda civil en este caso a Moody’s por los mismos hechos que a S&P. En este caso el gobierno está esperando ver cómo se desarrolla la acción civil contra S&P para posteriormente actuar contra Moody’s y seguramente que lo hará contra Fitch, la tercera agencia en discordia.

Como digo al principio, parece que el lado oscuro de la fuerza empieza a ver la luz al final del túnel y tal vez tendrá que hacer frente a la justicia por haber calificado productos financieros sin garantizar la independencia entre sus actividades comerciales y actividades analíticas.

Veremos a ver como acaba todo lo que acaba de empezar, pero se debe recordar que las malas prácticas empresariales acaban pasando factura. Probablemente veremos como llegan a acuerdos extrajudiciales con multas multimillonarias.

Esperemos los acontecimientos.


 

Desde hace unos meses está encima de la mesa del sector bancario la solución o no de un problema generado durante esta crisis actual: las participaciones preferentes.

Como se nos ha ido explicando, este producto financiero “fue vendido” por las oficinas bancarias, es decir por personas de dichas entidades, a pequeños ahorradores que, en su mayoría, no tenían ni idea de lo que estaban comprando y estos ahorradores se fiaban de una persona “de confianza” de la oficina bancaria que se lo ofrecía.

De este desaguisado financiero no se salva casi ninguna entidad financiera y ahora parece que ninguna de ellas tuvo la culpa y ha provocado que todos o casi todos los pequeños ahorradores hayan perdido su inversión, es decir, hayan visto como se han esfumado sus ahorros de toda la vida.

¿Cómo se puede afrontar esta situación? Por lo que hemos visto hasta ahora, salvo honrosas excepciones a todas las entidades financieras se les está “atragantando” el dar una respuesta satisfactoria a sus clientes.

En septiembre pasado la Comisión Nacional del Mercado de Valores, previó sancionar al 58% de los bancos y cajas que emitieron estas participaciones preferentes, por malas prácticas en la comercialización de este producto financiero.

Me imagino que por propio interés o por presión de la opinión pública una entidad como el BBVA decidió resolver de una manera inteligente el tema de las preferentes de sus clientes de Unnim, convirtiéndolas en acciones del propio banco.

Hace poco hemos sabido que la CMNV abrirá 17 expedientes sancionadores a nueve grupos financieros por realizar malas prácticas en la comercialización de dichos productos financieros.

¿Vale todo en el mercado? A la respuesta a esta pregunta la CMNV entiende que no, ya que según palabras textuales “se han vendido preferentes a clientes para los cuales el producto no era conveniente”.

Estamos de nuevo ante unas malas prácticas empresariales que no ayudan a construir la reputación del sector bancario, y sobretodo, estamos ante una situación que si no se arregla genera y generará una mayor desconfianza en un sector cuya reputación está considerada como una de las mas bajas, según los principales índices de reputación. Menos tampoco cuando sabemos que Bankia ha propuesta una quita del 39% a los titulares de preferentes de su entidad.

Y tampoco sirven las declaraciones del expresidente de la CMNV, el Sr. Manuel Conthe, diciendo que los inversores en preferentes tuvieron mala suerte por el momento económico que vivimos y que se “tienen que tragar la mala suerte”.

Un poco de buenas prácticas, en lugar de lo ocurrido, hubiera hecho que nos estuviéramos viviendo una situación como esta, a la que hay que darle solución.

Como digo al principio, esta situación puede ser una buena oportunidad para afrontar esta crisis de reputación del sector bancario, y solo depende de que ellos lo quieran solucionar. Algunos ya lo han empezado a hacer.

 

 

 


 

 

 

 

 

De todos es sabido que uno de los orígenes de esta crisis económica que tenemos encima empezó en agosto del año 2007 con el tema de las hipotecas basura en los Estados Unidos.

Uno de los sectores empresariales que a raíz de esta crisis está teniendo un menor índice de reputación ante la sociedad es el sector bancario, cuyas prácticas empresariales parecen que tampoco ayudan a mejorar su reputación.

Hemos conocido otro nuevo caso de crisis reputacional, aunque tenemos otros “grandes ejemplos” como Barclays, Jp Morgan, Bankia o Caixa Penedès, y por lo que veo o imagino no será el último: en este caso le ha tocado al Bank of América, el 2º banco más importante de los EE.UU., que se enfrenta a una demanda de 1.000 millones de dólares por haber defraudado a las entidades hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac.

Según la fiscalía de Nueva York, Bank of America concedió prestamos hipotecarios defectuosos y fraudulentos que generaron impagos que originaron 1.000 millones de dólares de pérdidas a estas 2 empresas que estaban totalmente tuteladas e intervenidas por el gobierno de los EE.UU.

Por desgracia no es el primer ni último ejemplo que tenemos pero es uno más de importante que se debe añadir a la lista de crisis de reputación que el sector económico financiero ha generado en estos últimos 5 años que llevamos desde el estallido de la crisis económica. Una vez más se vuelve a demostrar que las malas prácticas empresariales cuestan dinero, mucho dinero, ya que en este caso son 1.000 millones de dólares a lo que se enfrenta el Bank of America.

Como siempre en este tipo de situaciones nos podemos preguntar de nuevo: ¿cuánto dinero ha ganado el banco en este tiempo?, ¿le es “barato” enfrentarse a una multa de esta cantidad?, ¿cuánto representa esta cantidad sobre sus ventas o sus beneficios?, ¿tendrá alguna consecuencia para los directivos del banco?, ¿acabaran pactando, como siempre, un acuerdo extrajudicial para no dañar más la reputación?, ¿sirven para algo los manuales de buen gobierno o de buenas prácticas?

Tengo demasiadas preguntas y pocas respuestas para dar.

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Dentro de la “tela de araña” de esta crisis económica aparecen muchas veces, como stakeholders de primera línea de fuego, las agencias de calificación o de rating. Las tres más famosas del mundo son Standar&Poor’s, Fitch y Moody’s.

La verdad es que de ellas se sabe poco o muy poco, pero las conocemos mucho ya que cualquier movimiento que hacen afecta a la economía mundial. Hace un tiempo hablé de “el lado oscuro de la fuerza” haciendo referencia a la reputación de las agencias de rating y su poco o nula transparencia en sus formas de hacer.

Pues bien, pasado el tiempo, vemos como de nuevo aparece en los medios de comunicación ese lado oscuro de la fuerza: “las agencias de calificación dan mejores notas a sus buenos clientes”. Según se desprende de un estudio del Banco Central Europeo las tres agencias de calificación favorecen sistemáticamente a las entidades que les contratan para otros negocios.

¿Alguien se puede sorprender de ello? Creo que nadie se debería sorprender de este tipo de prácticas empresariales, ya que en el fondo todos somos conscientes de los “hilos financieros” que estas marcas mueven a su antojo. Cuanto más dinero/negocio le daba un banco a una de estas tres agencias, mejor calificación obtenía dicho banco.

Lo que pasa es que el autor del informe en este caso es el Banco Central Europeo y ha estudiado casi 39.000 certificaciones, con lo que la credibilidad del estudio y de la organización que lo ha realizado no se puede poner en duda.

No va a ser ni la primera ni la última vez que vamos a seguir viendo malas prácticas empresariales en el sector financiero, que debemos recordar creo que es a nivel global uno de los sectores con peor reputación de marca y la verdad es que viendo y leyendo el tipo de acciones que llevan a cabo, es difícil creer que puedan recuperar esa reputación perdida ante la sociedad, ya que gran parte de la situación económica de crisis global viene originada por el sector financiero. Recordemos el origen: las hipotecas basura en EE.UU. altamente reconocidas por las agencias de rating.

Como he dicho al principio, las agencias de calificación siguen siendo el lado oscuro de la fuerza y me temo que van a seguir siéndolo.


 

 

 

 

 

Cometer errores es humano, pero leer en los medios de comunicación que un banco corrige un error no es tan habitual.

Las malas prácticas bancarias han sido en estos últimos tiempos práctica habitual que ha llevado a este sector a ser uno de los peores valorados en términos de reputación por diferentes índices de medición de reputación y por ende por la mayoría de la sociedad. Una de esas malas prácticas fue la de vender a miles de pequeños ahorradores productos financieros “muy extraños” como por ejemplo participaciones preferentes, explicando a los ahorradores que era como meter dinero a plazo fijo cuando en realidad la mayoría de esos pequeños inversores no han podido recuperar ni un euro de sus ahorros.

Pues bien parece que el BBVA ha sido más inteligente o rápido ó ágil que otras entidades financieras y ha ofrecido a 32.000 clientes de Unnim, unión de antiguas cajas de ahorros que acaban de adquirir, la posibilidad de convertir esos “productos financieros” en acciones del banco, canjeando un 95% del valor de esas participaciones preferentes, que les proporcionará liquidez inmediata y una rentabilidad de casi el 6,5%.

Ha sido creo una operación, como digo ágil y que creo que fácilmente solucionable y que no representa un gran coste económico, en este caso para uno de los 2 grandes bancos españoles, por que en el fondo de la cuestión no han tenido que desembolsar ni un euro por ello.

Por lo que estoy viendo entre otras entidades bancarias que no saben como desatascar este problema, parece que la iniciativa del BBVA parece inteligente, ya que ha sabido convertir una crisis de reputación en una oportunidad, en lugar de ser una amenaza y por lo menso sacarse de encima esta situación.

Parece una buena decisión, el tiempo lo dirá, pero por lo menos han sabido darle la vuelta a una situación de crisis reputacional, que otras entidades bancarias aún no han sabido o no han querido darle solución y me temo que acabarán en los juzgados.

Rectificar es de sabios y es así cómo se afronta y se dan soluciones a una situación de crisis reputacional y de paso se intenta recuperar credibilidad y generar confianza. Estoy convencido que esta decisión habrá gustado a los nuevos accionistas del BBVA.