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Por si alguien le quedaba algún atisbo de duda, las malas prácticas empresariales pueden llegar a acabar con una marca. No es el primer caso, ni tampoco será el último, pero una vez más se demuestra que las malas prácticas empresariales o directivas pueden acabar con una marca. En este caso hablamos de Ausbanc y del sindicato de Manos Limpias.

Como siempre, desde este espacio no se va a juzgar a nadie ya que en nuestro país, el estado de derecho nos reconoce a todos la presunción de inocencia, así que este no es el foro adecuado para ello. Pero si es un foro para evaluar como una marca puede destruir su reputación en tan solo 5 minutos.

Otra reflexión que quería insistir es la que, para llevar a cabo malas prácticas empresariales, suele “emanar” o venir de la alta dirección de la compañía, y es ahí donde me doy cuenta de la necesidad de fortalecer el llamado gobierno corporativo, que debe estar incrustado en la cultura de la compañía para que, posteriormente, los comportamientos que se deriven de esa cultura organizacional, no dejen ningún “cabo suelto” que permita a los integrantes de una organización ejercer malas prácticas como hemos podido ver en el caso de Ausbanc y de Manos Limpias, que todo parece indicar que van a ser dos marcas que a corto o medio plazo pueden llegar a desaparecer. Es decir, que un grado de reputación tan débil hace que una situación de riesgo reputacional, derivado de unas malas prácticas, se las pueda llevar por delante.

Una vez más, para construir una sólida reputación de marca es necesario definir el gobierno corporativo que ha de emanar de la cultura de la compañía.


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Cuando tu reputación de marca se vincula al blanqueo de dinero tienes un problema. Eso es lo que le ha pasado al HSBC.

Hemos conocido otro ejemplo más de malas prácticas empresariales, en este caso en un sector cuya reputación en general en estos momentos deja mucho que desear: el sector bancario.

Según hemos podido leer el HSBC ha aceptado pagar casi 1.500 millones de euros en forma de multa para que de esta manera se desestimen las acusaciones del gobierno federal de los EE.UU. por ser la “institución financiera preferida” de los cárteles y grupos ilegales.

Por este motivo tendrá el triste record de ser la entidad financiera que ha recibido la multa más importante del mundo, hasta ahora.

Vuelve a sorprender de nuevo ver una crisis de reputación de una marca como esta ya que según parece la multa viene originada por que el banco no disponía de un programa efectivo contra el blanqueo de dinero y por lo que se desprende de las informaciones parece que eran el banco preferido de los carteles mexicanos y colombianos.
Parece increíble pero es así. Uno puede pensar que si estas malas prácticas se dan en uno de los mayores bancos del mundo, que otras malas prácticas harán aquellos bancos que no son tan grandes y que no están tan “expuestos” mediáticamente.

Ante una situación como esta es fácil preguntarse también cuanto dinero se habría gastado el banco si no hubiera pactado una multa previa y hubieran llegado a juicio¡¡. Probablemente les ha salido barato.

No es el último ejemplo, por desgracia que vamos a ver pero con la cantidad de malas prácticas empresariales habituales que hemos conocido en estos últimos años, estaría bien que algún alto directivo se dedicara a proponer elementos de mejora en los comportamientos de las marcas, que lógicamente vienen determinados por su cultura organizacional, que seguro que servirán para hacer las cosas muy diferentes de cómo se han hecho hasta ahora.

Por cierto, seguro que el banco HSCB debía tener un código ético interno, estoy convencido. Y luego el sector bancario y financiero nos reclama más confianza y más credibilidad. Tienen una oportunidad de oro para reconstruir su reputación de marca, pero en el fondo han de ser conscientes de querer hacerlo, y de esto último no estoy tan convencido. Solo depende de ellos.

 


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Parece que las marcas no aprenden de los errores anteriores. Hace justo un año uno de los laboratorios más grandes del mundo, GlaxoSmithKline fue condenado por el gobierno de los EE.UU. con una de las mayores multas que se ha impuesto a una industria, 3.000 millones de dólares, por malas prácticas empresariales con unos fármacos.

Siempre he creído que las marcas, cuando sufrían una situación de crisis de reputación, tenían ante si la gran oportunidad de aprender de los errores y poner en marcha nuevos mecanismos para revisar sus comportamientos y no volver a cometer errores. Eso es lo que yo creía pero la realidad empieza a superar a la ficción: el mismo laboratorio, GSK, acaba de ser investigado por las autoridades chinas y han detenido a 4 de sus principales directivos en ese país, por graves delitos económicos. Según parece los 4 directivos ofrecían grandes sobornos a funcionarios del gobierno, asociaciones médicas, hospitales y médicos con el objetivo de ampliar el mercado y subir los precios de los medicamentos, a parte también de evadir impuestos.

El problema es que dichas malas prácticas no eran ocasionales si no que según parece se estuvieron haciendo desde el año 2004 hasta el año 2010, es decir durante 6 años seguidos.

Además, para colmo, la compañía farmacéutica había realizado una investigación interna, a raíz de una denuncia anónima, y resulta que no habían encontrado pruebas de sobornos o corrupción.

La verdad es que dicha situación no parece real, pero nada más lejos de la verdad, sobretodo después de haber recibido ya una multa millonaria por otras malas prácticas.

Otra vez se vuelve a demostrar la importancia de la gestión de los comportamientos de la marca como uno de los drivers principales a la hora de construir la reputación de una marca.

Ya no se si decir en esta ocasión, la segunda en un solo año de tiempo, que la compañía debería hacer algo más para poder atajar estas crisis de reputación y ayudarse a construir una reputación de marca diferente a la que tiene hasta ahora.

 

 


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Se ha escrito mucho  sobre el mayor accidente laboral de la historia, el ocurrido en Bangla Desh que sesgó la vida de más de 1.000 personas. Ante este panorama me pregunto: ¿cuál es el papel que han de adoptar las marcas? Y sobretodo, ¿cuál es el papel que hemos de adoptar los ciudadanos o del consumidor?

Lo fácil sería decir que han fallado los mecanismos de control que los grandes fabricantes/distribuidores del mundo textil tenían establecidos en sus protocolos de responsabilidad social o en sus estrategias de reputación. Pero en esta ocasión quiero reflexionar sobre el papel que tenemos nosotros, los ciudadanos, como consumidores textiles de toda esta cadena.

Nos hemos acostumbrado a comprar ropa “low cost” con la excusa de que la moda cambia cada 15 días, es decir, que en los escaparates tenemos ropa diferente cada 15 días y ello nos obliga ser más consumistas y comprar mucho más. No voy a enjuiciar esta actitud, ya que cada uno de nosotros somos los suficientemente libres para hacer lo que queramos, pero me gustaría reflexionar sobre si los consumidores somos culpables también del mayor accidente laboral de la historia, ¿tenemos parte de culpa?

Me gustaría recordar de nuevo que los ciudadanos/consumidores también tenemos una reputación y que, al igual que las marcas, debemos gestionar nuestra reputación y construirla en base a las 3C’s: cultura, comportamientos y comunicación. Me quiero detener en la 2ª C, la del comportamiento: ¿tenemos un comportamiento correcto en el consumo textil?, ¿nos hemos preguntado por que la ropa “low cost” tienen  un precio tan bajo?, ¿son posibles los “chollos”?

Creo que podemos aportar nuestro granito de arena para que no vuelvan a producirse situaciones como estas y creo que la solución pasa por tener un consumo más responsable por nuestra parte. También es cierto que las marcas textiles deberán hacer una profunda reflexión sobre como recuperar la reputación pedida (tal vez produciendo menos y a precios más latos) aunque repito que no creo que deban ser los únicos en reflexionar. Nos toca hacerlo a nosotros también como ciudadanos y consumidores y reflexionar sobre si debo comprar ropa cada 15 días o por ejemplo, cada 30 días. Tal vez haciendo este ejercicio conseguimos “presionar” menos la producción.

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez que leo el informe que publica el Centro de Investigaciones Sociológicas, se me ponen todavía más los pelos de punta.

Acabamos de conocer el último barómetro publicado, el correspondiente al mes de junio, que arroja, entre otros datos muy interesantes, los siguientes resultados:

– El 85,6% de los españoles ve la corrupción muy extendida en España.

– La clase política es EL 3er. PROBLEMA de los españoles (24,7%) por detrás del paro (82,6%) y la economía (47%)

– Las comunidades autónomas son las instituciones donde la corrupción es más extendida según los españoles (76%)

– Los focos de corrupción se dan en la concesión de obras públicas, la construcción y la concesión de subvenciones

– Los políticos son los más corruptos (86,6%), seguida de los empresarios (69,3%) y de los jueces (52,9%)

– El 61,2% prefieren a un político honrado aunque sea poco eficaz

– El 69,4% piensa que los políticos no se esfuerzan en perseguir la corrupción entre sus miembros

Lo que está claro es que nadie puede poner en duda la credibilidad del CIS y los datos que aporta que freo que son fiel reflejo de lo que piensan los ciudadanos en estos momentos. Este último informe, se realizó entre el 2 y el 9 de junio pasado, mediante 2.472 entrevistas, es decir máxima garantía de la institución y del método.

Ahí van algunas reflexiones:

1.- No sé dónde vamos a llegar, pero me sabe muy mal leer datos como éstos. Son demoledores

2.- Me da la sensación de que no “se mueve nada”. Es decir que el status quo ya le va bien a la clase política. Eso tal vez pudo ser la chispa que hizo saltar y encender el movimiento de los indignados del 15M

3.- Me apena mucho, como ciudadano, tener que aceptar estadísticas de percepción como éstas.

4.- No sé cuántas muestras más necesita o puede necesitar nuestra clase política para que reaccione ante indicadores como estos, ¿es que no son suficientes?, ¿tan difícil es poder reconducir el rumbo” y adaptarse a lo que la sociedad demanda?

5.- ¿por qué nuestra clase política sigue hablando de “desafección” de los ciudadanos?, ¿es que no leen el barómetro del CIS?

He avisado muchas veces ya de la necesidad urgente que tiene  la clase política en nuestro país para que pueda re-construir su reputación y ganarse de nuevo la credibilidad y la confianza de los ciudadanos.

Alguien podrá interpretar que, en tiempos de crisis, la opinión pública castiga a los políticos. Vale lo acepto, pero creo que en España todavía no se ha “castigado” a nuestros políticos, y también me pueden decir que no todos los políticos son iguales, vale lo acepto también.

El tiempo pasa y los movimientos se demuestran andando. A ver si empezamos ya a nadar.