Todos cometemos errores, tanto en nuestra vida privada como en nuestra vida pública. Cuando éramos pequeños nos decían que lo importante, cuando habías hecho algo mal, era pedir perdón y prometer que nunca lo volveríamos a hacer.

Lo importante del perdón era saber si lo habíamos hecho por iniciativa propia o por sugerencia o indicación de nuestros padres. Lo ideal era que fuera por iniciativa propia.

Este principio, aplicado a la crisis reputacional, tiene el mismo efecto para las marcas, y eso es lo que le ha ocurrido a Morgan Stanley, que ha llegado a un acuerdo con la FED (la reserva federal americana) para compensar a clientes afectados por las malas prácticas o negligencias cometidas por la compañía en los procesos de ejecuciones hipotecarias.

En dicho acuerdo, Morgan Stanley ha reconocido que se hará cargo de pagar la multa que la FED le impondrá próximamente. De esta manera, la compañía reconoce implícitamente que las malas conductas desarrolladas durante años anteriores con clientes, han provocado una crisis de reputación y ahora intenta recuperar parte de la credibilidad perdida ante sus grupos de interés.

Últimamente hemos visto otro caso, aunque no ha llegado al extremo como Morgan Stanley, que es el de Goldman Sachs, por una denuncia de un ex empleado suyo que ponía en tela de juicio las malas prácticas empresariales con sus clientes.

Para todos aquellos que sigan sin creerlo, las malas prácticas empresariales si cuestan dinero y afectan gravemente a la reputación de una marca.


 

 

 

 

 

 

Hemos conocido hace poco una encuesta elaborada por la Generalitat de Catalunya sobre la percepción que tienen los jóvenes catalanes, en comparación con los adultos, de nuestra clase política y de nuestros políticos.

Analicemos algunos datos: el 95% de los jóvenes creen que el funcionamiento de la democracia necesita cambios. El 25,9% de los jóvenes se muestra interesado por la política. El 30% no muestra “ningún interés” por la política. El 3,6% colabora con algún partido político. Tienen un interés de 5,70 sobre 10.

Los datos aportados por el estudio reflejan, respecto a los adultos, porcentajes similares o un poco más inferiores que los arrojados por los jóvenes.

Bien es cierto que el interés de los jóvenes por la política ha pasado del 9,8% al 25,9% en solo 6 años y este me parece un dato interesante.

Lo que me gustaría conocer es si este interés por la política es un interés por los partidos políticos: creo que no porque solo el 3,6% de los jóvenes participa en algún partido político.

Independientemente de este u otro resultado en concreto, mi reflexión general es que la ciudadanía tiene interés por el sistema democrático, igual que los adultos, pero exige cambios en su funcionamiento y para ello hay que recordar que nuestros políticos son los únicos, principalmente, que pueden provocar los cambios en el sistema democrático.

¿Están los políticos por mejorar la participación ciudadana?, ¿están los políticos por mejorar el sistema democrático?, ¿están los políticos por la labor de mejorar su reputación ante la ciudadanía?

Como siempre, leeremos y escucharemos que por supuesto que sí, pero a la hora de la verdad los movimientos o los actos que se tienen que llevar a cabo por parte de nuestra clase política para reducir la desafección ciudadana, son muy escasos o muy “lights” y normalmente no responden jamás a las expectativas que teníamos los ciudadanos para conseguir cambios.

¿Dónde han quedado las reclamaciones y sugerencias que se hicieron con el movimiento 15-M, por ejemplo?, ¿por qué es tan inmovilista nuestra clase política a la hora de provocar cambios en el sistema democrático?. No lo sé, no tengo respuestas exactas para ello (aunque me las puedo imaginar), pero no me extraña que nuestra clase política se siga preguntando por que en cada elección los índices de abstención son cada vez mayores, aunque nuestros jóvenes se interesen por la política (debemos recordar que cada vez ellos también votan menos).

Hace unos años, una persona relacionada directamente con la política me dijo: “se debe distinguir entre los apolíticos y los apartidistas, que no es lo mismo”. Gran frase que todavía recuerdo y me hace pensar que me sigue interesando la política.

Ojalá nuestros políticos se den cuenta de lo que les reclama la ciudadanía para que puedan ir recuperando parte de su reputación. No es ni la primera ni la última vez que se lo reclamaré.

 


 

 

 

 

 

 

Para acabar este año 2011 y siendo consciente de que me puede “meter en un jardín”, hay un caso de crisis reputacional que ha copado y copa los medios de comunicación este último trimestre del año: el caso de Iñaki Urdangarín, yerno del Rey Juan Carlos I de España.

Este es un tema complicado que voy a intentar analizarlo de la forma más aséptica posible y analizando solo cómo puede afectar un caso de este tipo a la reputación personal.

Ahí va una reflexión:

¿Qué pasará si el Sr. Urdangarín fuera inocente de las acusaciones que hoy mismo se le hacen?. En nuestro país, como ha ocurrido con otros casos que he comentado anteriormente (la atleta Marta Domínguez o el exdirector general del FMI, Dominique Strauss Khan) tenemos tendencia a olvidar la presunción de inocencia que la ley nos ampara y protege en este sentido.

Siempre se abre un juicio paralelo mediático (o circo mediático, mejor dicho) que condiciona la reputación de la persona a la que se está juzgando “paralelamente”. Me da la sensación de que el caso Urdangarín ha seguido el mismo camino de siempre, en estos casos.

Bien es cierto que la semana pasada, la propia Casa Real que no es muy ágil en estos tema de comunicación, comunicó que la actitud y el comportamiento del Sr. Urdangarín en todo este asunto “no había sido muy ético” acorde con lo que se esperaba de él. Y por ello ha sido apartado de las actividades oficiales de la Casa Real Española.

Por lo visto hasta ahora, la reputación de un miembro de la familia real está en tela de juicio y esto es algo que no había ocurrido nunca durante la democracia en España. ¿Cómo se debe abordar un tema como éste?, ¿cómo se debe actuar?, ¿tienen definido un mapa de grupos de interés?, ¿cómo debe actuar la Casa Real?

Son muchas las dudas que me surgen ante este tipo de situaciones, pero por lo leído y visto hasta ahora la Casa Real era conocedora desde el año 2007 de este posible comportamiento irregular del Sr. Urdangarín, con lo cual deben haber tenido el tiempo suficiente para preparar una estrategia de reconstrucción de la reputación.

Nadie debería adelantar acontecimientos de lo que va a pasar con él, ya que no me parece de recibo hacerlo, aunque los indicios puedan indicar lo contrario.

ES una situación muy complicada la que debe estar viviendo ante estos hechos una institución como la Casa Real, pero creo que es una marca que tiene los suficientes recursos para poder afrontar con garantías de éxito una crisis reputacional como la que está viviendo.

Una de las “derivadas” o consecuencias de esta crisis reputacional, la Cara Real ha hecho público, por primera vez en su historia, el desglose de los gastos que tienen dicha institución. Es una buena manera de construir su reputación, si se quiere empezar por una verdadera política de transparencia. Valdría mucho la pena que la Casa Real siguiera por esta línea.

A modo de ejemplo he querido saber el interés que ha generado esta crisis reputacional en Google y éstos son los resultados

 

Sigo creyendo en la inocencia de las personas y más aún en la reputación de las personas, hasta que los hechos me demuestren lo contrario.

Espero que este caso no acabe como el de Marta Domínguez o Dominique Strauss Khan, entre otros.

 

Feliz año 2012 para todos

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

El día de la primera rueda de prensa de la nueva directora gerente del Fondo Monetario Internacional, la ex ministra francesa de finanzas Christine Lagarde, comentó que la presunción de inocencia es un derecho fundamental en todo el mundo

Esta declaración la hacía en su primera comparecencia ante los medios de comunicación como máxima ejecutiva del FMI, después de la dimisión por presunto escándalo sexual del anterior director generes, el Sr. Dominique Strauss-Kahn.

Sobre la destrucción de la reputación de este señor quiero reflexionar a colación del papel que juegan los medios de comunicación en este tipo de situaciones.

Me imagino que se habrán escrito miles y miles de páginas sobre el asunto del Sr. Strauss Kahn, desde que el pasado 14 de mayo fuera detenido por presunto escándalo sexual en un hotel de Nueva York.

Como siempre hago, no voy a valorar los hechos porque desconozco y no tengo a mi alcance todos los juicios de valor y toda la información necesaria para escribir sobre el fondo de esta cuestión. Lo que sí quiero reflexionar es sobre la forma de esta cuestión.

Hasta hace 2 meses, del Sr. Strauss Kahn, sólo conocíamos que era del director gerente del todopoderoso FMI y posible candidato por el partido socialista francés a la presidencia de la república francesa. Tenía una reputación determinada, la que fuera, pero tenía una.

El día 14 de mayo al ser detenido en el aeropuerto pasó ya a ser culpable, le salieron otros escándalos sexuales anteriores, hubo una sorpresa inicial, impacto e indignación en la sociedad francesa y dimos “por muerto” a dicho señor. Es decir, terceras personas decidieron que la reputación del Sr. Strauss Kahn fuera muy mala. No se esperó a la decisión judicial. Se hizo, como siempre se hace en estos casos, un juicio paralelo en los medios de comunicación y se enterró y dilapidó toda la credibilidad de dicho señor (no sé si mucha o poca credibilidad).

Han paso solo 2 meses y el Sr. Strauss-Kahn ha salido de la audiencia de Manhattan sin el arresto domiciliario que tenía encima, y le han devuelto la fianza que depositó. Todo parece indicar que la fiscalía pone en duda la credibilidad de los argumentos de la víctima, la camarera del hotel Sofitel.

Ahora parece, según la justicia, que los papeles están cambiando y que la víctima pasa a ser la acusada.

No conozco de nada al Sr. Strauss-Kahn pero creo que la pérdida de reputación que dicha situación le ha provocado, ha cavado con su “vida profesional”. Según parece la popularidad política en Francia ha caído de un 63% al 27%.

Si la justicia demostrara la inocencia del Sr. Strauss-Kahn, ¿quién le devolverá su reputación?, ¿alguien lanzará alguna campaña pidiendo disculpas?, ¿se le restablecerá su credibilidad?

No tengo respuestas concretas y seguras a estas preguntas, pero me las puedo imaginar: ¡¡NO!!

Por desgracia, no es la primera ni la última vez que veremos un caso como éste (aunque hay que reconocer que este caso ha sido con un “pez gordo”), pero creo que los medios de comunicación deberían hacer una reflexión sobre lo que ha pasado (no es la primera vez que pido esto) y que no se vuelva a producir un ataque a la reputación de una persona pública, sin antes esperar hechos ciertos y reales, ya que no podemos ni demos olvidar que construir la reputación de una persona o de una marca cuesta mucho esfuerzo y tiempo pero destruirla es solo cuestión de minutos.

Ojalá todos reflexiones sobre el papel que jugamos y que las reglas de juego no vuelvan a ser las mismas, pero creo que mi petición acabará en saco roto.

Estoy convencido que alguien podrá decir que el Sr. Strauss-Kahn ha pagado muchísimo dinero a unos abogados de primera fila para que no se le inculpe.

Última reflexión antes de acabar: ¿qué pasaría si esta situación se diera con un periodista de renombre, por ejemplo?

 


Hace unos días asistí al acto de Graduación de los Masters Oficiales de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona ya que tenía que recoger mi título de Master en Estudios de Comunicación Social, antiguo curso de Doctorado, que he cursado los 2 últimos años en dicha Universidad. La verdad es que nunca había asistido a un evento de estas características, pero en esta ocasión, trastoqué mi agenda para poder hacerlo. Son actos muy académicos por filosofía pero de todo ello quiero resaltar unas palabras del discurso que dirigió el Rector de la UPF, el Sr. Josep Juan Moreso a todos los asistentes, en especial a los recién titulados y que creo que enlazan perfectamente con la temática de mi blog:
«Detrás de cualquier intercambio económico hay una institución humana más básica: la promesa, y la promesa está fundamentada en la confianza que el otro cumplirá la su parte».
«Vuestro talento es también patrimonio común, y tendréis que ser capaces de ponerlo al servicio de la sociedad global de la cual formáis parte. Será responsabilidad vuestra construir un mundo global mejor que lo que encontrasteis, un mundo donde la dignidad de todos los seres humanos sea honrada y respetada, un mundo donde haya real igualdad de oportunidades para todos, uno mundo donde la confianza no se vea nunca defraudada».
Al final de su discurso quiso citar a Cicerón con la frase que titulo este post: «Como escribió Cicerón: la confianza se fundamenta en la justicia y la honradez de las personas».
Creo que dichas palabras son de una actualidad MÁS QUE RABIANTE y me pareció muy acertado por parte del rector que incluyera, en esta caso una cita de Cicerón, para acabar su discurso que iba dirigido a una nueva generación de profesionales que más pronto o más tarde se incorporarán al mercado laboral y en el que deberán aplicar unas nuevas reglas de juego en lo que a valores de mercado se refiere y que creo que es muy positivo que se recuerden desde el ámbito universitario.
Felicidades Sr. Rector po9r recordar a las nuevas generaciones cuales son sus obligaciones morales.
Creo que si aplicáramos más a menudo la cita de Cicerón, entre otros, las cosas nos irían mejor.