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No es el primer ni será el último caso que hemos visto de una marca tan prestigiosa y respetada como la de Lance Armstrong se viene abajo. Podríamos citar el caso similar del jugador de golf, Tiger Woods que desde que saltó su escándalo familiar nunca más ha vuelto a ser el número uno del mundo ¿casualidad?

El caso del ciclista Lance Armstrong es mucho más complicado, ya que durante muchos años ha estado defendiendo su inocencia ante los medios de comunicación y ante las autoridades deportivas mundiales, para finalmente tras un informe demoledor de la agencia antidopaje norteamericana, ha tenido que reconocer que se había dopado mientras era deportista profesional.

¿Por qué se ha llegado a este extremo? Cuando una marca sufre una crisis de reputación debe reaccionar rápido, como estrategia proactiva y como primera norma a seguir. Parece que Armstrong, que seguro que tenía asesores y abogados, no tenía a los mejores, ya que los resultados finales son desastrosos. Por si alguien dudaba del error estratégico de “negar la verdad”, ahí van algunas de las consecuencias que va a tener el ciclista:

1.- Pérdida de credibilidad TOTAL

2.- Imposible recuperar la confianza, por muchas campañas de relaciones públicas que le preparen

3.- Ha sido apartado de la fundación que el mismo creó para luchar contra el cáncer: livestrong

4.- Le han retirado los 7 tours de Francia que ganó

5.- Se enfrenta a demandas judiciales de las autoridades federales y deportivas por mentir en sus declaraciones que hizo bajo juramento

6.- Los patrocinadores le han retirado su apoyo, aunque mantienen el apoyo a su exfundación. Solo un dato: los patrocinadores le aportaban más de 15 millones de dólares al año

En definitiva, una mala gestión de una situación de crisis que ha durado tanto tiempo, para al final reconocer que se ha dopado muchos años, creo que es lo peor que ha podido hacer. Además el vacío de comunicación durante tanto tiempo ha hecho empeorar su situación, ya que ha permitido que otros hablaran por él, en lugar de liderar Lance Armstrong su propia reputación.

El caso del auge y caída de la marca Lance Armstrong seguro que será recordado por la historia durante muchos años, como ejemplo de lo que NO se debe hacer, al igual que el caso de Artur Andersen.

No se han cumplido ninguno de los principios elementales que hay que cumplir en un programa de reputación de crisis. Es una pena y esperamos que se puedan sacar conclusiones para que no ocurra otro caso similar.

 

 

 

 

 

 


 

 

Nadie pone en entredicho que el llamado tercer sector (ONG’s y Fundaciones) son clave para el desarrollo social y económico de una sociedad. Nadie pone en entredicho la labor que llevan a cabo y la sustitución que hacen de los deberes que debería hacer el Estado, y que gracias a este sector se están cubriendo muchas necesidades.

Teniendo estos principios muy claros, también es de recibo explicar que las ONG’s (no todas ellas, por supuesto) han tendido durante muchos años a tener una dependencia en sus ingresos por parte de fondos públicos, sin trabajar en profundidad las reformas internas necesarias para cambiar esa balanza y así conseguir que la mayoría de fondos provinieran del sector privado en lugar del ámbito público.

Ahora les entrarán las prisas después de leer que, según un estudio de Esade, PWC y la Caixa, la falta de financiación puede acabar con la actividad de una de cada cuatro ONG’s debido fundamentalmente a su caída de los ingresos.

Por lo que parece algunas ONG’s están obligadas a desaparecer, con el problema que ello conlleva de dejar de prestar servicios a personas muy necesitadas, y otras ONG’s están obligadas a fusionarse para poder existir. Conociendo a algunas de ellas, veo difícil esta situación ya que suelen primar más los intereses de cada una de ellas en lugar de pensar en un futuro diferente.

Para poder cambiar esta tendencia, las ONG’s no tienen más obligación que invertir recursos en construir su reputación de marca igual que cualquier otra marca lo hace, pero en su caso debe construir esa reputación desde estrategias que les puedan otorgar credibilidad y confianza ante posibles donantes privados, sean personas o empresas: la transparencia y la rendición de cuentas.

Solo de esta manera se podrá lograr, por ejemplo, que se incremente ese 9% de ciudadanos españoles que colaboran regularmente con alguna ONG a un porcentaje del 15/30% de los ciudadanos de otros países de nuestro entrono que si colaboran regularmente con alguna ONG.

También deben trabajar dichas estrategias de reputación para acercarse al sector empresarial que es el que les puede ayudar a conseguir esos fondos que les permitan seguir ejerciendo su labor humanitaria.

Solo depende de ellos que lo puedan conseguir y de la voluntad que pongan en ello, pero hay que invertir en reputación para sobrevivir en un entorno tan complicado como el actual donde no sirve aplicar las “recetas” del pasado sino que hay que repensar las cosas de otra manera.

Estoy convencido que invirtiendo en reputación, las ONG’s podrán conseguir sus objetivos.

 

 


 

Desde hace unos meses está encima de la mesa del sector bancario la solución o no de un problema generado durante esta crisis actual: las participaciones preferentes.

Como se nos ha ido explicando, este producto financiero “fue vendido” por las oficinas bancarias, es decir por personas de dichas entidades, a pequeños ahorradores que, en su mayoría, no tenían ni idea de lo que estaban comprando y estos ahorradores se fiaban de una persona “de confianza” de la oficina bancaria que se lo ofrecía.

De este desaguisado financiero no se salva casi ninguna entidad financiera y ahora parece que ninguna de ellas tuvo la culpa y ha provocado que todos o casi todos los pequeños ahorradores hayan perdido su inversión, es decir, hayan visto como se han esfumado sus ahorros de toda la vida.

¿Cómo se puede afrontar esta situación? Por lo que hemos visto hasta ahora, salvo honrosas excepciones a todas las entidades financieras se les está “atragantando” el dar una respuesta satisfactoria a sus clientes.

En septiembre pasado la Comisión Nacional del Mercado de Valores, previó sancionar al 58% de los bancos y cajas que emitieron estas participaciones preferentes, por malas prácticas en la comercialización de este producto financiero.

Me imagino que por propio interés o por presión de la opinión pública una entidad como el BBVA decidió resolver de una manera inteligente el tema de las preferentes de sus clientes de Unnim, convirtiéndolas en acciones del propio banco.

Hace poco hemos sabido que la CMNV abrirá 17 expedientes sancionadores a nueve grupos financieros por realizar malas prácticas en la comercialización de dichos productos financieros.

¿Vale todo en el mercado? A la respuesta a esta pregunta la CMNV entiende que no, ya que según palabras textuales “se han vendido preferentes a clientes para los cuales el producto no era conveniente”.

Estamos de nuevo ante unas malas prácticas empresariales que no ayudan a construir la reputación del sector bancario, y sobretodo, estamos ante una situación que si no se arregla genera y generará una mayor desconfianza en un sector cuya reputación está considerada como una de las mas bajas, según los principales índices de reputación. Menos tampoco cuando sabemos que Bankia ha propuesta una quita del 39% a los titulares de preferentes de su entidad.

Y tampoco sirven las declaraciones del expresidente de la CMNV, el Sr. Manuel Conthe, diciendo que los inversores en preferentes tuvieron mala suerte por el momento económico que vivimos y que se “tienen que tragar la mala suerte”.

Un poco de buenas prácticas, en lugar de lo ocurrido, hubiera hecho que nos estuviéramos viviendo una situación como esta, a la que hay que darle solución.

Como digo al principio, esta situación puede ser una buena oportunidad para afrontar esta crisis de reputación del sector bancario, y solo depende de que ellos lo quieran solucionar. Algunos ya lo han empezado a hacer.

 

 

 


 

 

 

 

 

Cometer errores es humano, pero leer en los medios de comunicación que un banco corrige un error no es tan habitual.

Las malas prácticas bancarias han sido en estos últimos tiempos práctica habitual que ha llevado a este sector a ser uno de los peores valorados en términos de reputación por diferentes índices de medición de reputación y por ende por la mayoría de la sociedad. Una de esas malas prácticas fue la de vender a miles de pequeños ahorradores productos financieros “muy extraños” como por ejemplo participaciones preferentes, explicando a los ahorradores que era como meter dinero a plazo fijo cuando en realidad la mayoría de esos pequeños inversores no han podido recuperar ni un euro de sus ahorros.

Pues bien parece que el BBVA ha sido más inteligente o rápido ó ágil que otras entidades financieras y ha ofrecido a 32.000 clientes de Unnim, unión de antiguas cajas de ahorros que acaban de adquirir, la posibilidad de convertir esos “productos financieros” en acciones del banco, canjeando un 95% del valor de esas participaciones preferentes, que les proporcionará liquidez inmediata y una rentabilidad de casi el 6,5%.

Ha sido creo una operación, como digo ágil y que creo que fácilmente solucionable y que no representa un gran coste económico, en este caso para uno de los 2 grandes bancos españoles, por que en el fondo de la cuestión no han tenido que desembolsar ni un euro por ello.

Por lo que estoy viendo entre otras entidades bancarias que no saben como desatascar este problema, parece que la iniciativa del BBVA parece inteligente, ya que ha sabido convertir una crisis de reputación en una oportunidad, en lugar de ser una amenaza y por lo menso sacarse de encima esta situación.

Parece una buena decisión, el tiempo lo dirá, pero por lo menos han sabido darle la vuelta a una situación de crisis reputacional, que otras entidades bancarias aún no han sabido o no han querido darle solución y me temo que acabarán en los juzgados.

Rectificar es de sabios y es así cómo se afronta y se dan soluciones a una situación de crisis reputacional y de paso se intenta recuperar credibilidad y generar confianza. Estoy convencido que esta decisión habrá gustado a los nuevos accionistas del BBVA.


 

 

 

 

 

 

Este próximo fin de semana en Grecia se celebran elecciones generales que han de escoger un nuevo parlamento y un nuevo gobierno. Por los últimos sondeos que se han publicado hace unos días, el 49% de los griegos considera que ningún partido político tienen un programa realista para afrontar la crisis y que el 48% de los griegos cree que ninguna formación política presenta un discurso político sincero.

La verdad es que al leer estas cifras he querido reflexionar sobre lo que deben estar pensando los ciudadanos griegos de su clase política. Hace ya casi un par de años hice una reflexión sobre los políticos griegos que llevaron el país a la situación de intervención en la que está ahora. ¿Qué le ha pasado a esa clase política?, ¿ha habido algún tipo de actuación contra ellos por llevar el país a la ruina? Creo y me da la sensación de que no ha pasado nada y de que tampoco pasará nada. Sólo se ha hecho algo contra la clase política en Islandia.

Seguro que el próximo 6 de mayo por la noche, cuando se conozcan los resultados de las elecciones en Grecia, los políticos griegos se lamentarán de 2 cosas: el ato índice de abstención y la “desafección” de los ciudadanos con ellos y también se lamentarán del incremento que han tenido fuerzas políticas de extrema derecha que jamás se habían presentado y que, según lo que dicen las encuestas, podrían obtener entre el 13% y el 16%  de los votos.

No sé cómo son los políticos griegos pero me los puedo imaginar, igual que cualquiera de los lectores. Ya va siendo hora de que los ciudadanos empecemos a ser conscientes de la clase política que nos gobierna porque llevamos casi 5 años desde que empezó la crisis en EE.UU. con el tema de las hipotecas subprime y resulta que las previsiones para España son de un año 2012 muy negro y algo de esperanza para el año 2013.

A modo de ejemplo recomiendo la lectura del artículo que refleja lo que se está haciendo en Islandia, respecto a la nueva situación que se creó en el país a raíz de la crisis del 2008. Interesante reflexión.

Por suerte o por desgracia nuestra clase política española es, en parte, responsable de habernos metido en este embrollo y debería ser la responsable de sacarnos de él, lo antes posible y haciendo todo lo posible, con resultados a corto plazo.

Creo que es la única manera que pueden tener de volver a generar confianza y tener credibilidad ante los ciudadanos, para de esta manera poder re-construir su reputación lo antes posible.

No me gustaría estar en la piel de los ciudadanos griegos. Siento rabia por ellos y espero que a nosotros no nos toque vivir una situación como las que están viviendo ellos. Pero a su clase política no les pasa nada¡¡¡