¡Hablando del Papa de Roma por la puerta asoma!. Esta misma semana hemos podido leer en los medios de comunicación que el Ministerio de Cultura quiere reclamar las subvenciones que entregaron al Consorcio del Palau de la Musica, ya que «no se le dio la finalidad esperada». En el año 2008, el Ministerio entregó 2 millones de euros y ahora inicia la reclamación de los mismos por vía administrativa.
Puede parecer anecdótico esta solicitud pero, ¿qué pasaría si todos los donantes (empresas o particulares) que han donado dinero a una ONL supìeran que ésta no ha destinado los fondos a los que se prometió?. Creo que están en el pleno derecho de hacerlo y si eso fuera así, las ONL tienen un GRAN PROBLEMA encima de la mesa. Por suerte, esto no ocurre de forma amplia en el tercer sector pero si ha de servir de nuevo como una señal de alarma para que las ONL intensifiquen su labor de transparencia y rendición de cuentas, lo más urgentemente posible.
Aunque no se lo crean, su reputación está en juego.

Esta misma semana hemos podido leer en el diario El Mundo que el Gobierno de Cataluña ha tramitado una ley para controlar más a la fundaciones y entidades de utilidad Pública. Todo ello viene provocado por el escándalo Millet del Palau de la Música Catalana. Según la información publicada, la nueva ley permite un carácter sancionador por irregularidades administrativas. Según el departamento de Justicia en los 2 últimos años se han inspeccionado 120 fundaciones, de las cuales 71 están en curso. De las otras 49 inspecciones se ha pedido , en 13 de ellas, la disolución al juzgado. Alguien puede pensar que eso es una gota en el océano, pero ya advertí en su momento que esto es sólo la punta del iceberg y que en los próximos meses vamos a ver un incremento del control en las fundaciones por parte de las autoridades públicas y eso no es bueno para las ONL, ya que su reputación se verá «tocada» y sobretodo la percepción que los donantes (empresas o particulares) no va a ser buena.
Hace tiempo que lo vamos diciendo: las ONL deberían trabajar mucho más los aspectos internos de identidad corporativa con el fin de ser lo más transparentes posibles ante los grupos de interés.
Es una pena pero esto sólo ha hecho que empezar¡¡¡

Hace mucho tiempo que saltó a la «arena pública» el escándalo del Palau de la Música de Barcelona y no he querido tocar dicho tema hasta ahora. Hace unos días estamos viendo en los medios de comunicación los juicios que se están celebrando. El último, el de la exdirectora general del Palau fue sorprendente. en él, el actual Director general de la entidad dijo públicamente que se desviaron 2 millones de euros del patrocinio de Ferrovial. es una pena oír, ver o leer comentarios como éste ya que lo único que hacen es dañar la imagen de aquellas entidades que viven gracias a los apoyos de patrocinadores o mecenas. No se puede poner a todo el mundo en el mismo saco pero es cierto que actuaciones como ésta hacen que posibles patrocinadores o mecenas se retiren de apoyar causas que actúan bajo unos parámetros de transparencia y buen gobierno dignos de la mejor empresa privada. Es una pena pero me temo que ésta no será ni la primera ni la última noticia que podamos leer en los próximos meses sobre temas como estos.

Hace muy pocos días nos despertamos con la terrible tragedia del mayor terremoto que ha sufrido Haití en los últimos 200 años.
Se ha escrito mucho, hemos visto centenares de imágenes y todavía nos quedan muchas por ver. La verdad es que la respuesta global ha sido espectacular. Según se ha podido leer en la prensa se están recaptando cifras récord en la primera semana para ayuda humanitaria en esa isla (MSF ha recaudado 35 millones de euros a nivel internacional, Cruz Roja Internacional, 71 millones de euros, Intermon en España, 1,8 millones de euros, Unicef España, 2 millones de euros y Fundació La Caixa, 1, 5 millones de euros). Mi reflexión va un poco más allá. La última gran crisis humanitaria global fue el Tsunami del sudeste asiático del día de navidad del 2004. Por aquel entonces no lo supimos, pero tiempo más tarde se supo que coincidiendo con dicha crisis, es cuando se empezaron a destapar asuntos de falta de reputación de algunas ONL con motivo de desviaciones de fondos y sobretodo de que la prometida ayuda humanitaria dificilmente había llegado a sus destinatarios más necesitados.
A ver si somos capaces de aprender de errores anteriores y esta vez no se comenten esos errores. Creo que la ciudadanía no lo volvería a permitir.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir al I Congreso sobre la excelencia en el Tercer Sector que organizo la Fundación Luis Vives en El Escorial (Madrid). Fui un poco de forma pasiva, a escuchar, a oír, a compartir y sobretodo a aprender de terceras personas. Me llamó mucho el nombre del Congreso (Excelencia) ya que no suele ser una palabra muy utilizada en general y menos en el tercer sector. Se habló de liderazgo ético (término que cada vez me gusta más y parece que va «calando). Me pareció muy interesante, por encima de las demás, la conferencia que dio el director de la Asociación La Rueca, por su claridad de conceptos y de ideas sobre cómo se debe ser excelente.

Hubo otra conferencia, la de «Código ético y sostenibilidad enfocada en valores» de la que quiero destacar un extracto de la misma. El ponente hizo mención a las tres reglas que San Benito transmitía a los suyos: «La divisón en bloques del tiempo». Y decía San Benito a los suyos, cómo debían repartir el tiempo:
1.- Un tercio de tu tiempo lo has de dedicar a la plaza publica (acción)
2.- Otro tercio de tu tiempo ,o has de dedicar en el claustro (reflexión)
3.- El otro tercio de tu tiempo lo has de dedicar en la biblioteca (formación)

Lo que si encontré a faltar es un mayor esfuerzo de las entidades sin ánimo de lucro para no depender de las subvenciones públicas y acercarse sin miedo a las empresas para conseguir financiación de sus proyectos. Las empresas no son malas y los ONL no son una «panda de locos». Ni lo uno ni lo otro. Ya va siendo hora de construir el camino entre los dos y así poder gozar de más independencia.