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Desde hace bastante tiempo estamos escuchando, en este caso a las instituciones públicas, la necesidad de regular la transparencia en el sector público, o mejor dicho en la vida pública española, por que tal como dice al inicio del proyecto de ley que está tramitando “la transparencia, el acceso a la información pública y las normas de buen gobierno deben ser los ejes fundamentales de toda acción política”.

Ante esta situación me pregunto varias cosas:

– ¿se debe regular la transparencia para que se lleve a cabo y sea efectiva?

– ¿no debería estar “incrustada” la transparencia en el ADN de las marcas?

– ¿se conseguirán resultados si se regula por ley?

Son dudas que me surgen por que no acabo de entender porque las marcas no pueden incorporar en sus estrategias/políticas empresariales la necesidad de la transparencia.

Hoy en día es necesario más que nunca y sobretodo en diversos sectores empresariales, incorporar la transparencia como un valor fundamental a la hora de construir la reputación de una marca, por que sino, probablemente los consumidores no entenderán muy bien ni lo que hacen ni lo que dicen las marcas.

Creo que se hace necesario empezar a cambiar ciertas reglas del juego a la hora de construir la reputación de una marca. Es necesario empezar a hablar con los ciudadanos, no entendidos simplemente como consumidores, es necesario también empezar a escuchar a los ciudadanos para saber que es lo que quieren de las marcas ya que probablemente nos llevaríamos sorpresas al saber que dichos ciudadanos ya no quieren que las marcas les expliquen lo que hacen ni que les expliquen como lo hacen: lo que quieren saber es por que las marcas hacen las cosas.

Este cambio de paradigma, que parece que da miedo a las marcas, es el que les va a permitir pasar de la credibilidad a la verdad, y la verdad no nos tiene que hacer sufrir nada, si no tienes nada que esconder, ya que será el mejor proceso de construcción de reputación de marca que pueda hacer la marca.

Falta que se lo crean y que lo asuman como tal, también la clase política.

Yo si creo y estoy convencido que la transparencia es una condición para crear la reputación de una marca

 

 


 

¿Es la transparencia el remedio para que la clase política recupere un poco de credibilidad y reputación? Esta es la pregunta del millón de dólares.

Según a mi entender sería necesario que nuestra clase política, en su afán de minimizar la desafección que ellos dicen que tiene la sociedad, se planteen en serio que la transparencia es un valor seguro a la hora de construir o reconstruir la reputación de una marca, pero sobretodo, para reconstruir la reputación de la clase política.

¿Por qué digo esto? Por el proyecto de ley de transparencia que está preparando el gobierno y por leer el artículo publicado en El País que me ha parecido oportuno hacer esta reflexión.

La transparencia como valor, es o no es. Es decir no conozco el término de “transparencia a medias” aunque tengo que reconocer que para todos aquellos que manejan el poder, sean empresas o instituciones, lo de la “transparencia a medias” ya les está bien.

Según el proyecto de ley de transparencia, las administraciones públicas están obligadas a publicar contratos, subvenciones, programas anuales, etc. Pero se recoge también la posibilidad de que estas mismas administraciones públicas incluyan el silencio negativo que deja la respuesta en manos de las mismas administraciones, con lo cual creo que de poco sirve.

Podríamos hablar aquí de que la información pública ha de cumplir con la ley orgánica de protección de datos o con cláusulas de confidencialidad de los contratos públicos, pero ante todos estos argumentos que nos pueden decir las administraciones públicas para no ser transparentes, cabría preguntarse por el derecho a la información que tenemos todos los ciudadanos, pero parece que no es así, por que el proyecto de ley de transparencia debería ser un elemento clave para generar credibilidad en nuestra clase política y parece que de esta manera están haciendo todo lo contrario, es decir, destruir aún más su reputación.

Otra vez se pierde una gran oportunidad para que nuestra clase política recupere un ápice de confianza ante los ciudadanos, pero me parece que esta vez tampoco se conseguirá que la transparencia sea un elemento clave para la reconstrucción de la reputación de nuestra clase política.

Ojalá me equivoque otra vez

 

 

 

 


 

 

 

 

 

Una de las consecuencias positivas que genera una situación de crisis de reputación, si he dicho positiva, es la de poder revisar todos los procesos y los procedimientos que la marca ha tenido hasta ahora y analizarlos y poner las medidas oportunas para evitar que vuelvan a suceder.

Una de esas medidas o procedimientos puede ser la puesta en marcha de un plan de transparencia que permita a la marca convertir sus “muros de cemento” en “muros de cristal”. Para ello la marca debe ser consciente del ejercicio y de la responsabilidad de llevar a cabo una medida de este calibre y no dejarla y confundirla con una operación de maquillaje para contentar a algunos.

¿Por qué digo esto? A raíz de la crisis de reputación del Consejo General del Poder Judicial con la dimisión de su presidente, el Sr. Carlos Dívar, dicha marca ha aprobado un “plan de austeridad y transparencia” que según la institución ha de servir “para trasladar a la opinión pública la absoluta disposición de explicar ante los representantes legítimos de los ciudadanos nuestra actividad individual o colectiva pasada, presente o futura”.

A modo de ejemplo hemos visto publicado en los medios de comunicación como los 20 vocales se gastaron en viajes 470.000€, a los que hay que sumar 360.000€ más en viajes internacionales y casi 300.000€ más en escoltas. O sea, casi 1,2 millones de €. Una de las medidas del plan aprobado es que los miembros del CGPJ deberán viajar, a partir de ahora en clase turista y utilizar hoteles cuyo precio no supere los 102€ por noche.

Lo que mas sorprende de este plan de transparencia “es que no se facilitará el gasto producido por cada vocal ni la justificación del viaje”. Además solo rendirán cuentas ante las Cortes generales y el Tribunal de Cuentas. Sorprende también que esta institución pública que tiene un presupuesto de casi 72 millones de € de fondos públicos, haya sido tan parca y pobre en su planteamiento de plan de transparencia, que según ellos tenía el objetivo de recuperar la reputación perdida. Vaya incongruencia.

Creo que las consecuencias y medidas que han tomado para superar la crisis de reputación vivida por esta marca, no ha significado un salto cualitativo para el CGPJ ni muchísimo menos para lo que nos dijeron a los ciudadanos: para que recuperáramos la confianza. Se ha hecho una operación de maquillaje en lugar de una verdadera apuesta por la transparencia de una institución tan “antigua”.

Es una lástima por que creo que es otra oportunidad perdida y un mal ejemplo para las instituciones públicas que están obligadas a recuperar la confianza de los ciudadanos que al final somos los que pagamos sus sueldos con nuestros impuestos y son ellos los que nos deben servir a nosotros y darnos explicaciones a nosotros y no al revés.

Alguien podrá decir que más vale esto que nada, que es un primer paso, pero me da la sensación que ni ellos mismos se han creído que querían hacer un verdadero plan de transparencia: ha sido una operación de maquillaje, hecha deprisa y corriendo por la presión mediática.

A ver cuando vemos una verdadera regeneración: los ciudadanos lo estamos reclamando


 

 

 

 

 

Cuando una marca se ha de enfrentar a una situación de crisis reputacional, debe gestionar muchas cosas, en tiempo record y ha de ser capaz de dar respuestas a muchos grupos de interés, ya que si no lo hace permitirá que terceras personas hablen de la situación de crisis sin tener mucho conocimiento y sobretodo generando más incertidumbre que antes de producirse dicha situación.

Parece que esta regla básica de la comunicación de crisis reputacional no se está dando en el gobierno de España y en nuestra clase política en general.

¿Por qué digo esto?. Lo último que hemos leído en los medios de comunicación es que la unión europea ha decidido inspeccionar las cuentas de España después de que se haya sabido que el déficit del año 2011 no era del 8,5% sino del 8,9%, es decir 4 décimas más de lo anunciado en su día. Este “desvío” lo han provocado 4 comunidades autónomas gobernadas por el partido popular, que no habían facilitado esa cifra hasta ahora. El caso más flagrante ha sido el de la comunidad autónoma de Madrid que “solo” ha tenido una desviación del doble de lo que habían dicho hasta ahora.

Lo curioso del caso es que hace unos meses, cuando tomó posesión el nuevo gobierno, dijeron que el déficit que había generado el gobierno del anterior presidente no era del 5% sino del 8,5%. Otra “pequeña” desviación.

También coincide la información con la que el Fiscal General del Estado abrirá una investigación sobre la responsabilidad penal de los directivos de las cajas de ahorros que son otros de los causantes de este “desaguisado”

También hemos conocido que la prima de riesgo española ha batido todos los records de subida respecto a la prima de riesgo alemana.

Parece que vamos teniendo un goteo informativo de malas noticias cada día, o por lo menos cada semana, y esto es lo peor que le puede pasar a una marca para poder afrontar una situación de crisis reputacional.

Reconozco que debe ser difícil gestionar en estos momentos desde el gobierno la marca “España”, pero se debería hace un esfuerzo para poder parar este goteo informativo de malas noticias, “sacar de debajo de la alfombra” toda la porquería que hay y con lo que queda, después del shock inicial, empezar a reconstruir la credibilidad como país.

Una vez más insisto que esta manera de hacer depende de nuestra clase política y por lo que estoy viendo en las últimas semanas, eso no lo van a hacer y vamos a seguir viendo este tipo de noticias que no ayudan a remontar la actual crisis de reputación que ha de generar credibilidad y confianza lo antes posible.

Vuelvo a insistir: en una situación de crisis, las malas noticias todas a la vez, por duras que sean y a partir de ahí, reconstruir la reputación perdida


 

 

 

 

 

 

Este próximo fin de semana en Grecia se celebran elecciones generales que han de escoger un nuevo parlamento y un nuevo gobierno. Por los últimos sondeos que se han publicado hace unos días, el 49% de los griegos considera que ningún partido político tienen un programa realista para afrontar la crisis y que el 48% de los griegos cree que ninguna formación política presenta un discurso político sincero.

La verdad es que al leer estas cifras he querido reflexionar sobre lo que deben estar pensando los ciudadanos griegos de su clase política. Hace ya casi un par de años hice una reflexión sobre los políticos griegos que llevaron el país a la situación de intervención en la que está ahora. ¿Qué le ha pasado a esa clase política?, ¿ha habido algún tipo de actuación contra ellos por llevar el país a la ruina? Creo y me da la sensación de que no ha pasado nada y de que tampoco pasará nada. Sólo se ha hecho algo contra la clase política en Islandia.

Seguro que el próximo 6 de mayo por la noche, cuando se conozcan los resultados de las elecciones en Grecia, los políticos griegos se lamentarán de 2 cosas: el ato índice de abstención y la “desafección” de los ciudadanos con ellos y también se lamentarán del incremento que han tenido fuerzas políticas de extrema derecha que jamás se habían presentado y que, según lo que dicen las encuestas, podrían obtener entre el 13% y el 16%  de los votos.

No sé cómo son los políticos griegos pero me los puedo imaginar, igual que cualquiera de los lectores. Ya va siendo hora de que los ciudadanos empecemos a ser conscientes de la clase política que nos gobierna porque llevamos casi 5 años desde que empezó la crisis en EE.UU. con el tema de las hipotecas subprime y resulta que las previsiones para España son de un año 2012 muy negro y algo de esperanza para el año 2013.

A modo de ejemplo recomiendo la lectura del artículo que refleja lo que se está haciendo en Islandia, respecto a la nueva situación que se creó en el país a raíz de la crisis del 2008. Interesante reflexión.

Por suerte o por desgracia nuestra clase política española es, en parte, responsable de habernos metido en este embrollo y debería ser la responsable de sacarnos de él, lo antes posible y haciendo todo lo posible, con resultados a corto plazo.

Creo que es la única manera que pueden tener de volver a generar confianza y tener credibilidad ante los ciudadanos, para de esta manera poder re-construir su reputación lo antes posible.

No me gustaría estar en la piel de los ciudadanos griegos. Siento rabia por ellos y espero que a nosotros no nos toque vivir una situación como las que están viviendo ellos. Pero a su clase política no les pasa nada¡¡¡