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Nadie pone en entredicho o en duda que la confianza es uno de los elementos más apreciados por cualquier marca que quiera construir su reputación. Esta afirmación, común para todos los sectores del mercado, parece que no sirve para un sector con muy mala reputación: el sector político.

Acaba de conocerse la sexta edición de la Encuesta Social Europea realizada en 29 países comunitarios. Algunos resultados de la misma:

– La confianza de los españoles en la política está al nivel más bajo de los últimos 10 años

– Estamos a la cola de Europa en confianza

– Nivel de confianza en los dirigentes políticos: 1,91/10

– Nivel de confianza en los partidos políticos: 1,88/10 Continue reading


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Algunos datos para empezar:

– El 84,2% de los catalanes se declara poco o nada satisfecho con el actual nivel de democracia

– El 80% de los catalanes considera que los políticos solo buscan su propio beneficio

– El 43,5% de los catalanes cree que ningún partido político tiene capacidad para dar soluciones a los problemas más importantes

– España ha mostrado un claro descenso en el Índice de percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional 2013, dado que en 2012 había obtenido una puntuación de 65, y el puesto número 30 entre los 176 países analizados, y en el último IPC obtiene una puntuación de 59 (6 puntos inferior) y ha descendido 10 puestos en el citado Índice, quedándose en el puesto número 40 del ranking global.

¿Cuáles han sido las reflexiones o respuestas de la clase política ante estos datos que hemos conocido estos últimos días? Que yo sepa, ninguna.

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Hemos conocido estas últimas semanas el cierre precipitado de una marca que ha durado solo 18 años en el mercado: se trata de la televisión pública de Valencia, también conocida como Canal 9.

¿Cuánto cuesta crear una marca?, ¿Cuánto tiempo cuesta construir la reputación de una marca?. Si esta pregunta se la hacemos a un directivo de marketing o comunicación dirá que mucho tiempo, pero si dejamos que esta respuesta la haga un político nos dirá todo lo contrario.

Esto es lo que ha ocurrido en el caso de Canal 9, la televisión autonómica de Valencia, que el gobierno regional ha decidido cerrar a finales de este mes de noviembre, ya que el tribunal superior de valencia ha decretado como nulo el expediente de regulación de empleo de 1.000 trabajadores y que con la sentencia debían ser readmitidos.

Canal 9 no ha sido, creo yo, una marca con una gran reputación ya que siempre se ha visto salpicada por escándalos y por estar de una manera descarada al servicio del gobierno autonómico (aunque en este caso no es la única). Continue reading


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Estamos asistiendo de una manera global, no solo local en España o en Europa a una situación que el sociólogo Zygmunt Baumann define como “tiempos líquidos” en donde estructuras muy sólidas hasta hace muy poco tiempo se están deshelando o deshaciendo en las manos. Una de estas estructuras o marca, como a mi me gusta llamarlo, es la clase política en general.

Estamos viendo de nuevo en estos días a la 2ª revolución que vive de nuevo Egipto un solo años después de “volver” a la normalidad política. Hemos visto nuevas pequeñas o grandes revoluciones en Brasil (país del que nadie esperaba nada malo en los próximos 10 años), hemos visto en Turquía a nuevos desafíos a su clase política y en España acabamos de conocer según el Centro de Investigaciones Sociológicas que la clase política es el 2º problema según los españoles. A la par hemos visto nacer nuevas propuestas a la sociedad con un planteamiento de la política diferente al actual mediante nuevos modelos a través plataformas sociales (“Plataforma cívica”, liderada por Baltasar Garzón y “Proceso Constituyente” de la monja Teresa Forcades y Arcadi Oliveres). Todas estas plataformas tienen cosas en común: que no es posible seguir con el modelo político actual, que articulan un movimiento de la sociedad y que quieren cambiar las reglas de juego actuales.

Geográficamente están muy separados los tres continentes (europa, áfrica y américa del sur) pero todos tienen un denominador en común: sustituir la clase política por otra clase. En el fondo la clase política actual defenderá que esto no es posible, nos dirá que ha escuchado los cambios que la gente quiere, pero de momento no es posible otro modelo diferente al actual, ya que tenemos el mejor sistema posible: la democracia.

En mi opinión lo que la gente está pidiendo no es cambiar TODO el modelo de democracia sino que lo que se quiere es que haya democracia. Creo que no es la primera vez que lo digo: el problema de la democracia no es la política, sino que el problema son los partidos políticos y el establishment de su alrededor.

Lo que está pidiendo la sociedad con esos cambios en la calle es precisamente eso que se cambie la estructura de los partidos políticos, por que se está demostrando más que nunca que la gente SI está interesada en la política, pero NO está interesada en los partidos políticos, que no es lo mismo.

A esta situación no se llega por casualidad. No se si están a tiempo de reconstruir su reputación de marca, por que se ha demostrado que la fuerza de las personas si consiguen que las cosas puedan cambiar y evolucionar a mejor.

La clase política y los partidos políticos tienen un grave problema de reputación, de credibilidad y de confianza por parte de los ciudadanos. Y no sólo de España.

Solo pueden reconstruir su maltrecha reputación a partir del cambio de sus comportamientos, su cultura de partidos y su comunicación. Con nada más, pero dudo que tengan alguna intención de hacerlo.

 

 

 


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Coincidiendo con la publicación del informe 2013 del Country RepTrack del Reputation Institute, creo que vale la pena reflexionar el por que la marca España ha caído una vez más en dicho indicador.

No me canso de repetir nunca que cuando hablas de marca hoy en día, el mercado da por hecho que dicha marca puede ser una marca comercial, una entidad sin ánimo de lucro, un equipo de fútbol, una administración pública, un edificio y por qué no un país. Bajo el concepto de marca cabe perfectamente el hablar también de España como una marca.

Si que tenemos claro quien gestiona la marca cuando se trata de una empresa. Lo que no queda tan claro es quien es el gestor o el responsable de una marca país: ¿el pueblo, los ciudadanos, el parlamento, el rey de España, el gobierno de la nación, el presidente del país?

Es difícil dar respuesta a esta pregunta ya que no tengo ni idea de quien es el responsable de gestionar la reputación de la marca España. Tal vez ahí empieza a radicar el problema de confianza que tiene nuestro país hacia dentro y hacia afuera.

Cuando hablas de gestionar la reputación de una marca, insisto en el hecho de que hay que gestionar las 3C’s: cultura, comportamientos y comunicación. Y también digo que la responsabilidad de la gestión de la reputación recae en la alta dirección de la compañía. Haciendo este símil con la marca España, creo que los máximos responsables de nuestro país deberían ser los gestores de la reputación de la marca España. !!Uyyy¡¡ esto ya no lo veo tan claro.

Para reconstruir, por que estamos “bajo mínimos”, la reputación de la marca España creo que es necesario que los dirigentes encargados de la reputación de nuestro país, primero de todo se lo tomen en serio y después sean capaces de darle una revisión a la cultura y a las maneras de hacer las cosas, para que al final con la comunicación sean capaces de generar la confianza y la credibilidad en todos los grupos de interés, tanto internos de nuestro país como los externos, para así volver a confiar en la marca España que según el Reputation Institute se debe sustentar en 16 atributos agrupados en 3 dimensiones: calidad de vida, nivel de desarrollo y calidad institucional.

Para acabar, España ocupa el lugar 18 sobre 65 de los países más admirados del mundo. Los 5 primeros son: Canadá, Suecia, Suiza, Australia y Noruega. ¿Por qué no copiamos lo que hacen ellos?: no hace falta inventarnos las cosas, solo copiar y mejorar lo que hacen los demás. Es así de fácil, en principio.

Foto: ABC