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Parece que últimamente no salimos de una y nos metemos en otra. Ahora le ha tocado a Mitsubishi que ha reconocido irregularidades en los tests de consumo de carburantes en 625.000 vehículos.

Según hemos podido saber, la compañía nipona ha tenido que pedir disculpas públicamente al reconocer que sus empleados falsificaron datos de 157.000 vehículos propios y otros 468.000 producidos para Nissan.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de esta crisis de reputación es que, después del escándalo de Volskwagen del pasado septiembre, el gobierno japonés afirmó que ninguno de sus fabricantes había manipulado el software del control de emisiones, según una auditoría que había realizado entre sus fabricantes. Parece increíble pero es cierto.

Siete meses después del escándalo de Volskwagen volvemos a ver malas prácticas empresariales del sector de la automoción. ¿Es que no se aprendió nada de ese caso?, ¿es que no sirvió para que los fabricantes de automóviles revisaran sus protocolos para detectar posibles fallos?, ¿seguro que ningún fabricante más nos anunciará dentro de poco otro caso similar?, ¿también nos dirán que nadie de la empresa sabía nada?.

Las situaciones de riesgo reputacional, aunque no afecten a tu marca, han de servir a las marcas como una oportunidad de mejora y no como una amenaza. Han de servir para mejorar, para introducir nuevas maneras de hacer, para evolucionar, etc. También han de servir para repensar aspectos del gobierno corporativo interno, de cultura organizacional, que permitan que no se vuelvan a dar situaciones como éstas.

Por cierto, una última reflexión para acabar este caso: las acciones cayeron un 15% por culpa de esta situación de crisis de reputación y acabamos de saber que Nissan acaba de adquirir el 34% de Mitsubishi, ¿casualidad?.


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