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Acabamos de conocer a través del Consorcio de Periodistas de Investigación, que uno de los principales bancos del mundo, el HSBC ayudó a sus clientes (más de 100.000) a evadir impuestos y ocultar sus fortunas (casi 90.000 millones de euros).

La verdad es que el revuelo mediático que se ha originado ha sido bastante elevado, pero no podemos olvidar que dichos datos se conocían desde el año 2010, es decir, hace 5 años. Según hemos conocido, los datos denunciados corresponden a la llamada lista Falciani, un exinformático que se llevó los datos de estos archivos que correspondían a diversas etapas del banco que iban desde el año 1998 hasta el año 2007, con lo cual creo, y no soy jurista, que todos los posibles delitos han prescrito.

Más allá de la legalidad o no de todos estos datos, lo que si queda demostrado son las malas prácticas bancarias, reconocidas por el propio banco como “faltas de control y cumplimiento significativamente bajo”. El banco se defiende explicando que en esa época el banco funcionaba de forma “más descentralizada” que ahora y que por eso se pudo dar esa situación en la oficina del banco en Suiza (qué casualidad, Suiza). Por lo que parece una vez más, las malas prácticas empresariales, en este caso se deben a una descentralización de la organización y que al comprar un banco nuevo, el Safra Republic Holding, no integraron los estándares y cultura corporativa que imperaban en todo el grupo a nivel mundial.

Una vez más tenemos otro caso que pone de relieve algo que repito muchas veces como elemento fundamental para la construcción de la reputación de una marca y que también han de servir para minimizar cualquier situación de crisis reputacional: hay que construir la reputación de cualquier marca desde la cultura de la organización, para después plasmarla en sus comportamientos y por último se refleja en la comunicación que desarrollen.

Queda patente en el caso del HSBC que falló el primer eslabón de la cadena en la construcción de la reputación: no se integraron bien las dos culturas organizacionales, la del HSBC con la del banco que adquirieron.

Este “pequeño” contratiempo les ha provocado una crisis de reputación de dimensiones mundiales y no es la primera que sufren el los últimos años (recordemos que en julio del 2013 los EE.UU. le impusieron una multa de 1.500 millones de euros por blanqueo de dinero), que veremos como la solucionan, aunque según el banco estas malas prácticas ya se arreglaron desde el año 2008.

Tampoco ayuda esta situación a construir una buena reputación del sector financiero, que buena falta les hace.


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