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La fatalidad ha hecho que el gobierno de Malaysia tome el 100% de las acciones de Malaysia Airlines con el objetivo de hacer un giro de 180 grados en su gestión después de varios años de pérdidas, pero sobretodo después de perder en bolsa un 22% de su valor en el último año provocado por la pérdida de dos aviones en dos accidentes, uno en marzo pasado con la desaparición de un avión todavía sin localizarlo y con otro vuelo abatido el pasado mes de julio cuando sobrevolaba la zona de Ucrania en conflicto.

Es cierto que son dos fatalidades ajenas a la compañía pero si queda constatado que han provocado una caída en su reputación y en sus resultados económicos que han obligado a tomar cartas en el asunto para impedir males mayores como podría ser la desaparición de la marca.

De esta manera se demuestra otra vez el coste que puede tener para una marca una pérdida de reputación y en este caso no solo es pérdida de confianza o de credibilidad sino que además es pérdida económica y eso seguramente a los accionistas no les gusta nada.

Una crisis de reputación probablemente no se puede evitar pero si es cierto que hay que estar preparado para minimizarla y amortizar el duro golpe.


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