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Hace unos días hemos sabido que la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la CNMV, incluirá la responsabilidad social corporativa en el código de buen gobierno corporativo que está preparando para el próximo año 2015.

Está claro que uno de los principales pilares por lo que se construye la reputación de una marca es a nivel interno, es decir, empezando primero por construir los “cimientos de la marca”, antes que la comunicación de la marca. Para ello, la marca y sus directivos han de ser capaces de construir una cultura organizacional que sea acorde con lo que luego querrán comunicar a la sociedad.

Hasta aquí todo correcto. Uno de los principales elementos de la construcción de la cultura de una marca pasa, ineludiblemente, por cómo se hacen las cosas dentro y para ello debería existir o se debería crear un código de buen gobierno o un código de buenas prácticas empresariales que deberá regir los comportamientos posteriores de la marca.

Lo que no me parece oportuno es que se tenga que regular por parte de una institución pública como es la CNMV, sino que dicho reglamento debería salir de la propia marca, es decir, que lo “debería llevar incrustado en su ADN”. Debería ser la propia organización, sin necesidad de verse obligada por un tercero, que fuera capaz de desarrollar su propio código de actuación y no esperar que un regulador o una directiva lo hiciera por él. Además creo que dicho código no debería ser de uso exclusivo para marcas que cotizan en bolsa, sino que debería ser un instrumento que tuviera cualquier marca que opera en el mercado y que realmente se crea lo de construir una fuerte reputación de marca, de carácter sólida y sostenible en el tiempo.

Por último, es remarcable de esta noticia que la CNMV quiere incluir en dicho código la RSC. Me parece otra extrañeza tener que regular sobre ello, ya que la RSC debería ser otro de los drivers que las marcas integraran en su ADN corporativo, para no ser una estrategia de marketing o de autocomplacencia.

En fin, que nos queda un largo camino por recorrer todavía en el proceso de construcción de la reputación de marca, para que los máximos dirigentes de las organizaciones entiendan su necesidad y su valor antes sus grupos de interés.


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