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Estamos asistiendo de una manera global, no solo local en España o en Europa a una situación que el sociólogo Zygmunt Baumann define como “tiempos líquidos” en donde estructuras muy sólidas hasta hace muy poco tiempo se están deshelando o deshaciendo en las manos. Una de estas estructuras o marca, como a mi me gusta llamarlo, es la clase política en general.

Estamos viendo de nuevo en estos días a la 2ª revolución que vive de nuevo Egipto un solo años después de “volver” a la normalidad política. Hemos visto nuevas pequeñas o grandes revoluciones en Brasil (país del que nadie esperaba nada malo en los próximos 10 años), hemos visto en Turquía a nuevos desafíos a su clase política y en España acabamos de conocer según el Centro de Investigaciones Sociológicas que la clase política es el 2º problema según los españoles. A la par hemos visto nacer nuevas propuestas a la sociedad con un planteamiento de la política diferente al actual mediante nuevos modelos a través plataformas sociales (“Plataforma cívica”, liderada por Baltasar Garzón y “Proceso Constituyente” de la monja Teresa Forcades y Arcadi Oliveres). Todas estas plataformas tienen cosas en común: que no es posible seguir con el modelo político actual, que articulan un movimiento de la sociedad y que quieren cambiar las reglas de juego actuales.

Geográficamente están muy separados los tres continentes (europa, áfrica y américa del sur) pero todos tienen un denominador en común: sustituir la clase política por otra clase. En el fondo la clase política actual defenderá que esto no es posible, nos dirá que ha escuchado los cambios que la gente quiere, pero de momento no es posible otro modelo diferente al actual, ya que tenemos el mejor sistema posible: la democracia.

En mi opinión lo que la gente está pidiendo no es cambiar TODO el modelo de democracia sino que lo que se quiere es que haya democracia. Creo que no es la primera vez que lo digo: el problema de la democracia no es la política, sino que el problema son los partidos políticos y el establishment de su alrededor.

Lo que está pidiendo la sociedad con esos cambios en la calle es precisamente eso que se cambie la estructura de los partidos políticos, por que se está demostrando más que nunca que la gente SI está interesada en la política, pero NO está interesada en los partidos políticos, que no es lo mismo.

A esta situación no se llega por casualidad. No se si están a tiempo de reconstruir su reputación de marca, por que se ha demostrado que la fuerza de las personas si consiguen que las cosas puedan cambiar y evolucionar a mejor.

La clase política y los partidos políticos tienen un grave problema de reputación, de credibilidad y de confianza por parte de los ciudadanos. Y no sólo de España.

Solo pueden reconstruir su maltrecha reputación a partir del cambio de sus comportamientos, su cultura de partidos y su comunicación. Con nada más, pero dudo que tengan alguna intención de hacerlo.

 

 

 


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