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Se ha escrito mucho  sobre el mayor accidente laboral de la historia, el ocurrido en Bangla Desh que sesgó la vida de más de 1.000 personas. Ante este panorama me pregunto: ¿cuál es el papel que han de adoptar las marcas? Y sobretodo, ¿cuál es el papel que hemos de adoptar los ciudadanos o del consumidor?

Lo fácil sería decir que han fallado los mecanismos de control que los grandes fabricantes/distribuidores del mundo textil tenían establecidos en sus protocolos de responsabilidad social o en sus estrategias de reputación. Pero en esta ocasión quiero reflexionar sobre el papel que tenemos nosotros, los ciudadanos, como consumidores textiles de toda esta cadena.

Nos hemos acostumbrado a comprar ropa “low cost” con la excusa de que la moda cambia cada 15 días, es decir, que en los escaparates tenemos ropa diferente cada 15 días y ello nos obliga ser más consumistas y comprar mucho más. No voy a enjuiciar esta actitud, ya que cada uno de nosotros somos los suficientemente libres para hacer lo que queramos, pero me gustaría reflexionar sobre si los consumidores somos culpables también del mayor accidente laboral de la historia, ¿tenemos parte de culpa?

Me gustaría recordar de nuevo que los ciudadanos/consumidores también tenemos una reputación y que, al igual que las marcas, debemos gestionar nuestra reputación y construirla en base a las 3C’s: cultura, comportamientos y comunicación. Me quiero detener en la 2ª C, la del comportamiento: ¿tenemos un comportamiento correcto en el consumo textil?, ¿nos hemos preguntado por que la ropa “low cost” tienen  un precio tan bajo?, ¿son posibles los “chollos”?

Creo que podemos aportar nuestro granito de arena para que no vuelvan a producirse situaciones como estas y creo que la solución pasa por tener un consumo más responsable por nuestra parte. También es cierto que las marcas textiles deberán hacer una profunda reflexión sobre como recuperar la reputación pedida (tal vez produciendo menos y a precios más latos) aunque repito que no creo que deban ser los únicos en reflexionar. Nos toca hacerlo a nosotros también como ciudadanos y consumidores y reflexionar sobre si debo comprar ropa cada 15 días o por ejemplo, cada 30 días. Tal vez haciendo este ejercicio conseguimos “presionar” menos la producción.

 

 


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