Hace unos días hemos conocido que uno de los laboratorios más importantes del mundo, GlaxoSmithKline, ha llegado a un acuerdo extrajudicial con el departamento de justicia de los EE.UU., el cual le ha impuesto una multa de 3.000 millones de dólares por vender fármacos sin autorización para ello en los EE.UU.

Al parecer todo proviene de una investigación judicial iniciada hace 8 años por las autoridades americanas, sobre la recomendación que hacía el laboratorio a pacientes menores de 18 años cuando dicho fármaco, el antidepresivo Paxil no había sido aprobado para ello.

Según parece, la multa ha sido impuesta por errores en la comercialización. “El acuerdo al que han llegado ambas partes no tiene precedentes ni por su tamaño ni por su alcance”, ha manifestado el subsecretario de justicia de los EE.UU.

Este no es un caso aislado ni mucho menos, ya que en el año 2009 a otro laboratorio, Eli Lilly, tuvo un caso similar por el cual tuvo que pagar 1.400 millones de dólares.

Ante este panorama me surgen dudas del tipo:

– ¿ningún directivo, aunque solo fuera el director comercial sabía que se estaban haciendo estas malas prácticas?

– ¿cuánto dinero ha generado el laboratorio con las ventas de este producto mientras ha estado comercializándose?

– ¿qué representa una multa de 3.000 millones de dólares para una compañía que debe estar facturando miles de millones?

– ¿sale rentable saber que haces malas prácticas aún a pesar de que te pueda caer una multa importante o de que te abran investigaciones?

– ¿sigue vendiendo este producto en otros países?

 

No tengo las respuestas a estas cuestiones, pero creo que cualquiera de nosotros puede tener sus propias respuestas al respecto.

El otro día,  a raíz de esta información, salió publicado un brillante artículo de Milagros Pérez Oliva, en el diario El País, titulado “Medicamento en busca de enfermedad”. Es de obligada y recomendada lectura dicho artículo para entender las estrategias que siguen los grandes laboratorios para poder vender más y generar más beneficios, es decir “crear patologías para vender más”.

¿Valen todas las reglas de mercado para poder vender más?. Creo que dicho artículo da respuesta a esta cuestión, pero lo que es innegable es que el sector farmacéutico debería ser mucho más cuidadoso de su reputación, para poder generar más credibilidad y más confianza en los consumidores.

Es una obligación y para el bien de todos, aunque lamentablemente no creo que sea el último caso de crisis que veremos de malas prácticas que genere una crisis de reputación.

 

 


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