Esta afirmación, según como se mire, puede tener difícil respuesta. Hay infinidad de factores y elementos que configuran la identidad de una marca y ésta puede tener infinidad de interpretaciones por parte de los grupos de interés.

En el caso de este escrito me quiero fijar en una experiencia que he vivido este mismo mes. He tenido la oportunidad de volver a visitar de nuevo un país como Colombia. A primera instancia todos podemos sacar unas conclusiones fáciles sobre la reputación de dicho país y seguramente, sino lo conoces o no lo has visitado, la percepción será muy diferente de la realidad.

En esta ocasión y coincidiendo durante mi viaje para dictar una serie de conferencias para la Universidad de Manizales en Colombia, ha salido publicado el Country RepTrack del Reputation Institute sobre los países con más o menos reputación según el estudio que han elaborado y resulta que Colombia aparece en los 5 últimos lugares del ranking de un total de 50 países, por problemas del pasado.

Desconozco en profundidad el estudio de la reputación de los países que ha elaborado dicho Instituto, pero ha levantado mucha “polvareda” por lo que he podido leer y escuchar durante mi estancia en Colombia. ¡A nadie le gusta que lo cataloguen con poca reputación o una reputación muy baja!

Me gustaría romper una lanza a favor de la reputación de marca, en este caso Colombia, ya que como he repetido en alguna ocasión más, la reputación de una marca no es solo “comunicación” sino que dicho proceso de construcción pasa por  otros 2 elementos que son más importantes incluso que la comunicación: la cultura de la marca y los comportamientos de la marca.

Colombia ha hecho y está haciendo un enorme esfuerzo para reconstruir su reputación de marca en base a una serie de variables que no son las mismas de hace 20 años y eso requiere muchos esfuerzos de comunicación para poderlo transmitir correctamente y que sea percibido por los grupos de interés como la marca desea.

Lo que tampoco nadie podrá negar a la marca “Colombia” son los comportamientos que tiene su gente con los que son sus huéspedes y todos aquellos que hayan visitado regularmente o vivido en Colombia sabrán de lo que hablo. Son una marca con problemas, igual que cualquier otra marca, pero es de recibo reconocer los esfuerzos que hace su gente, los colombianos y colombianas a través de su cultura de país y de sus comportamientos para reconstruir una reputación diferente de la que tienen y que hace que tengamos la percepción, bajo mi punto de vista, equivocada.

Tal vez el esfuerzo final para acabar de reconstruir esa reputación deseada pase por mejorar la tercera “C” del proceso de construcción de la reputación: la comunicación.

Tienen un largo camino por delante para acabar este proceso y estoy convencido de que siguiendo lo trazado hasta ahora su valoración de reputación como país saldrá muy mejorada en los próximos estudios internacionales.


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