Parece que seguir como si nada pasase y sin dar la sensación de que en situaciones como la actual de profunda crisis no importe, pero la sociedad reclama “gestos” a nuestra clase directiva y a nuestra clase política.

Dentro del huracán que está viviendo el sector bancario en nuestro país con fusiones, adquisiciones, reconversiones, posibles quiebras y demás instrumentos del libre mercado, a parte de las ayudas públicas que el gobierno está dando al sector bancario para que sanee sus cuentas y empiece a enderezar su rumbo, nos enteramos por los medios de comunicación que una de estas entidades financieras, Bankia, tiene contemplado que sus máximos 3 directivos, es decir el presidente Sr. Rodrigo Rato, el vicepresidente, Sr. José Luis Oliva y el consejero delegado, Sr. Francisco Verdú, se asignen entre sueldo y variable una cantidad total superior a los 10 millones de euros al año.

No tengo ninguna objeción a que estos 3 directivos cobren lo que tengan que cobrar por hacer su trabajo. Quien se lo puede denegar o autorizar e s el consejo de administración o en su caso la junta de accionistas que es el máximo órgano de gobierno de cualquier compañía.

A lo que me vengo a referir en este caso es que no sé si es de rigor que en los momentos en los que estamos, habiendo recibido dinero público, se permita que estos directivos lleguen a cobrar estas cantidades de dinero. No creo que sea una buena manera de empezar las cosas en Bankia, que actualmente está en proceso de venta de acciones para capitalizarse y que ha de salir a bolsa este mes de julio y que además entre sus cuentas aparezcan cifras no muy beneficiosas como que acumula créditos de 6.100 millones de euros en suelo.

Creo que han recibido críticas de muchos sectores de la vida pública quejándose de una situación como ésta y no creo que dicha decisión sea la más adecuada para construir la reputación, en este caso, de una marca financiera como Bankia que debería ganarse la confianza de los mercados y de la opinión pública actuando de otras maneras. Creo sinceramente que estas malas prácticas como éstas no se puedan encarar de una manera acertada la construcción de su reputación.

Si no recuerdo mal, la administración Obama a todas aquellas empresas que había salido a rescatar con fondos públicos se les imponían una serie de condiciones, entre otras, de sueldos a sus máximos directivos para que dieran ejemplo y no se pasaran de la raya. No tenemos que inventar nada sino que tenemos que copiar y mejorar prácticas empresariales que generan buena reputación y que en otros sitios se llevan a cabo.

Algo de esto ya lo hemos visto en el ámbito político local que nada más llegó al poder en las últimas elecciones del pasado día 22 de mayo, lo primero que hicieron fue subirse el sueldo y parece que eso ya ha sido castigado y corregido aunque como faltan casi 4 años para las próximas elecciones locales no sé si la opinión pública se acordará de cosas como éstas.

 


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