No es ninguna broma lo del título del post. Lo he titulado así sin ningún tipo de rima fácil, de verdad.

En general, toda situación de crisis que le toca vivir a una marca pasa por una primera fase que es la que se da cuando salta la crisis: sorpresa y estupor.

En el caso que quiero tratar hoy no sé si se da esta fase de sorpresa y estupor, ante el registro de la Sociedad General de Autores y Editores de España por parte de la guardia civil ante los indicios de desviación de fondos y supuestas prácticas corruptas.

Hace un tiempo la SGAE puso en marcha un manual de gestión de ética interno para mejorar su funcionamiento. Creo que dicho manual o no se llegó a realizar nunca o no se llegó a implantar nunca o que no se creyó en él.

La SGAE ha sido por naturaleza una entidad poco transparente y bastante opaca en sus maneras de hacer. Si no recuerdo mal es una de las entidades más odiadas por los españoles. Ha estado sometida a una visión “con lupa” por parte de la sociedad y de los medios de comunicación que han “querido hincar el diente”.

Parece que ahora las cosas van en serio porque según ha aparecido en los medios de comunicación, las supuestas prácticas corruptas son de muchos millones de euros y ya hay una persona, de las 9 detenidas inicialmente, que está ingresada en prisión con una fianza de 300.000€.

Como siempre en estos casos no soy nadie para valorar el fondo de la cuestión por que desconozco todo lo que ha pasado y está pasando en este caso a la SGAE, pero sí creo que puedo aportar mi granito de arena sobre las formas que se están dando en este tema.

Para construir una buena reputación de marca hace falta mucho tiempo, pero para destruirla solo hacen falta unos minutos.

Para construir una reputación sólida y poder afrontar una situación de crisis como la que tiene la SGAE encima, hay que construir unos cimientos muy sólidos, en base, por ejemplo a manuales de ética de la organización (pero que no sean papel mojado), en base a unas buenas prácticas empresariales, en base a creerse lo de la transparencia y lo de la rendición de cuentas, etc.

Hay que creérselo de verdad todos estos cimientos y aplicarlos con toda la rotundidad posible porque si no se pueden crear fisuras en la reputación de la marca, con unos resultados nefastos para ella.

Veremos cómo evoluciona el caso de la SGAE. La propia entidad dio una explicación pública y por lo que parece pocas cosas van a cambiar en ella, a no ser que la actuación judicial abierta diga otras cosas y pueda endurecer el rumbo que está timando la investigación.

Cuando una marca está sometida a una situación de crisis es cuando está obligada a tomar muchas decisiones, por mucho que éstas no sean de su agrado, pero para re-construir la reputación hacen falta tomar medidas y que los grupos de interés vean que se están tomando. Después utilizaremos la comunicación para transmitir las decisiones que hemos tomado.

Las decisiones han de ir encaminadas directa y rápidamente a salvar la crisis y a re-construir lo más rápidamente posible la credibilidad y la reputación de la marca.

Eso es lo que no estoy viendo que haga la SGAE. Esperaremos acontecimientos próximos, que seguro que habrá y en cantidad: de entrada ya ha dimitido un presidente que estaba “enrocado”.

Estoy convencido de ello porque me da la sensación de que “se le tiene ganas a la SGAE”.

 

 


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