Creo que hasta día de hoy no había escrito ningún post sobre la reputación de la clase directiva, pero la noticia publicada en La Vanguardia me ha llamado mucho la atención y ha hecho que me fijara en ella como para poder dedicarle un post sobre la reputación de nuestros directivos ante la situación de crisis actual.

Según el informe de Ernst & Young, el 82% de los empleados en España piensa que los directivos utilizan “atajos” para alcanzar sus objetivos. Igualmente el 30% de los directivos vería justificado el pago de sobornos si ello contribuye al crecimiento de la empresa.

Creo que los datos aportados en el estudio no son nada alentadores, al revés, creo que vamos por mal camino y es una de las consecuencias de esta crisis económica global que está cambiando todos los paradigmas que habíamos conocido hasta ahora.

Desconozco cuál era la percepción que se tenía de la falta de ética y de pagar “en especies” para conseguir nuevos contratos o renovación de contratos antes de la crisis, pero me parece que hemos tocado fondo ya que un 42% piensa que la corrupción ha aumentado con la crisis.

Desconozco, aunque me puedo imaginar, cuales son los motivos que a un directivo le pueden pasar por la cabeza para hacer este tipo de prácticas empresariales, presión para cumplir objetivos, presión para pagar nóminas, presión para dar beneficios por que los bancos se lo exigen para renovar pólizas de crédito, etc., pero no me cabe en la cabeza que dichas malas prácticas se vean como algo normal en el mundo directivo. ¡¡no podemos caer tan abajo!!

¿Cuáles serán las siguientes prácticas empresariales que “romperemos”?, ¿Cuáles serán las siguientes reglas que nos saltaremos?, ¿podemos poner freno a dichas prácticas directivas?, ¿Cómo se puede poner freno?, ¿Qué ejemplo estamos dando?.

No lo sé y no tengo respuesta, pero me gustaría no leer informes como el que he leído ya que ayudan muy poco a construir la reputación de una marca. Nunca he creído que “el fin justifica los medios” ya que si eso es así podemos llegar a límites insospechados, a los que no me gustaría llegar.

Ojalá cale en la clase directiva unas maneras de hacer diferentes de las que he leído. Durante mi vida profesional he conocido a muchos directivos y he tenido la suerte y el honor de trabajar para ellos y creo (a lo mejor no se sido capaz de verlo) que nunca han realizado actividades que han puesto en tela de juicio su reputación personal o la de sus marcas. Al revés han defendido sus negocios y empresas con un trabajo sólido, unos principios claros y un buen equipo alrededor suyo.

 


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