Una vez más, y como siempre digo no será la última, se ha vuelto a poner en entredicho la reputación de una organización no lucrativa. En este caso, por suerte, no ha sido en nuestro país, sino en los Estados Unidos, pero  aquí nos hemos enterado del problema.

Por lo que parece uno de los filántropos millonarios que no sabe qué hacer con su dinero ha decidido confundir su “modelo de gestión empresarial” con el de su organización no lucrativa.

El personaje en cuestión es Greg Mortenson y su ONL se llama Central Asia Institute (CAI).  Por lo que parece el susodicho es un hombre un poco caótico con las finanzas y poco “riguroso con los datos”. Eso no ayuda en mucho a construir la reputación de una marca¡¡¡

Además este individuo ha sido nominada varias veces al Premio Nobel de la Paz: parece que este premio cada vez tiene menos valor. Fue capaz de seducir a la Casa Blanca y al Pentágono para construir escuelas en Afganistán y Pakistán. En el 2010 recibió cerca de 20 millones de dólares en donativos.

A raíz de un reportaje de televisión emitido en la CBS y la aparición de ciertas informaciones han empezado a poner en cuestión tanto el discurso como el proyecto benéfico del CAI, ya que los relatos plasmados en un libro de Mortenson no son ciertos y según ex colaboradores suyos utilizó el dinero recaudado para su propia promoción y enriquecimiento. Parece ser además que el año 2009, sólo gastó el 41% del dinero recaudado en hacer realidad su promesa: construir escuelas, pero si lo utilizó para viajes de promoción de su libro y en publicidad pagada en los medios de comunicación.

Este caso que hemos conocido debería hacer reflexionar, una vez más a las organizaciones no lucrativas para poner aquellos elementos de gestión de la reputación que conllevan evitar errores como los que parece que se han cometido en el caso que hemos expuesto. Es una oportunidad para no defraudar más a aquellos donantes y simpatizantes de una causa que leyendo cosas como éstas ponen en tela de juicio su aportación a dicha causa, y por ende se extiende una mancha de falta de credibilidad en este caso sobre el tercer sector que en épocas como las actuales de acuciante crisis económica, necesita más que nuca, mantener o incrementar sus ingresos para poder afrontar todos los frentes de ayuda que tiene abiertos.

Una manera de construir la reputación de una entidad sin ánimo de lucro, pasa por la tenencia de un código de buen gobierno, un manual de ética interno, así como integrar en su estrategia corporativa la transparencia en TODOS SUS EXTENSIONES DE LA PALABRA, para poder generar la credibilidad y la confianza ante todo sus grupos de interés.

 


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