Leo con una parte de alegría y otra de pena la noticia de que la compañía nacional de ferrocarriles de Francia ha pedido perdón, después de 67 años, a la comunidad judía por haber sido cómplice o parte implicada en el traslado de judíos a los campos de concentración durante la 2ª guerra mundial.
Hasta aquí me parece normal: hay que pedir perdón por los errores.
Lo que no me parece tan normal es que ese “perdón público” dado por el presidente de la compañía, venga determinado por el interés de la compañía de ferrocarriles para conseguir un par de “mega-contratos” en los Estados Unidos con el objetivo de ser el adjudicatario de los mismos.
¿Hasta dónde están dispuestas las marcas para llegar a conseguir cuota de mercado?, ¿se vale todo en el libre mercado?, ¿no hay otra manera de pensar o actuar?
No creo que esta sea la mejor manera de re-construir la mala imagen de la compañía de ferrocarriles francesa en los Estados Unidos de América. Y así se la hecho saber la comunidad judía norteamericana que me imagino que no se dejan tomar el pelo y no se creen las excusas ahora.
Ojala cunda el ejemplo y esperamos que en el futuro no se vea “tanto el plumero” a las marcas y se tomen en serio lo de construir su reputación: depende de las marcas, no de los stakeholders.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *