Hasta ahora los directivos de las marcas no se imaginaban que por culpa de una crisis de reputación podían tener problemas judiciales. Anteriormente si los tenía era la marca, o la submarca o “el último mono” pero parece que las tornas están cambiando.
Esto no es ninguna broma: es la decisión que ha tomado la fiscalía tras los graves incidentes que se produjeron en noviembre del 2007 en la central nuclear de Ascó y que provocó en su momento que a la central nuclear se le impusiera la mayor multa de la historia: 15,39 millones de euros.
Parece ser que la fiscalía acusa a los 4 excargos de “inaceptables negligencias, imprudencias y emisiones” que permitieron la liberación de contaminación radioactiva sin ningún tipo de control. Según parece se alteraron los monitores de radiación para minimizar el asunto.
Me da la sensación de que esta decisión, a falta del juicio que tiene que celebrarse, pone en cuestión que en situaciones de crisis reputacional ésta no se acaba cuando acaba la crisis y por lo que parece tampoco quiere quedarse impune las posibles malas prácticas realizadas por los directivos imputados.
Va siendo hora ya, y no es la primera vez que lo reclamos desde aquí, que las marcas se preocupen más de afrontar situaciones de crisis de reputación en serio y no con “mecanismos de maquillaje” que lo último que hacen es no ser transparentes.
A ver si esta medida sienta precedentes en los equipos directivos de las marcas.
Vaya por delante la inocencia de los 4 excargos imputados: “en nuestro país uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario”

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