La Caja Castilla- La Mancha tiene el triste honor de ser la primera entidad bancaria intervenida por el gobierno español en plena situaciones de crisis: fue en marzo del 2009, ahora hace casi 2 años.
Según informaciones económicas, el gobierno tuvo que poner un aval de 9.000 millones de euros (si, no me he equivocado de cifra) para poder salvar a dicha caja de ahorros.
Todo parece indicar que las malas prácticas empresariales encabezadas entonces por el presidente de la entidad, Sr. Juan Pedro Hernández Moltó, llevaron a dicha situación: se invirtió en una serie de proyectos que NINGUNO ha sido rentable. Como muestra un botón: se invirtieron 350 millones de euros para construir un aeropuerto en Ciudad Real (capital de provincia de algo más de 72.000 habitantes) de los cuales un 25% lo puso la entidad financiera.
¿Qué ocurriría si en lugar de ser una caja de ahorros, hubiera sido una empresa?, ¿es que ya nadie se acuerda de lo que le pasó a Artur Andersen y Enron?.
Claro, en una empresa mandan los accionistas y por delegación el consejo de administración, pero en España las cajas de ahorros, en su mayoría, están regidas por políticos y no por gestores empresariales y todo el mundo sabe que normalmente un político no sabe hacer de empresario.
Por suerte para todos con el panorama actual y futuro de las cajas de ahorro en España veremos a directivos empresariales dirigir estas entidades (o por lo menos eso es lo que yo espero).
Lo que me duele de veras es que el dinero necesario para salvar a esta y a otras entidades financieras, viene de los impuestos que pagamos. Aunque lo que más me duele es que por desgracia a los antiguos gestores dela Caja Castilla-LaManchano se les va a pedir cuentas judicialmente después de haber provocado una crisis en su entidad y por desgracia en todo el sistema financiero español (ellos tienen el triste record de ser los primeros, la “punta de lanza”)
No se puede dejar impune las malas prácticas de algunos gestores. El expresidente compareció hace poco ante el juez. Creo que esto no sería tan frecuente en la empresa privada.
Es una pena

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