Una de las claves de las organizaciones para construir su reputación pasa por las “maneras” de tratar a sus clientes y/o usuarios. Durante estos últimas semanas, asesorado por una médico dietista, he tenido que hacer dieta. En una fase muy pequeña del proceso de adelgazamiento tuve que usar unos batidos de la marca Pronokal, que compré en el centro de distribución que tienen en Barcelona. La insistencia para obtener mis datos por parte de esta compañía no es muy normal. La presión para conseguirlos fue lo suficientemente insistente para que acabara dándoles mi teléfono móvil pero no mi dirección de email. La excusa que me dieron era que a las 72 horas me llamarían para saber como iba mi progresión., Les insistí en que no quería que me llamaran para nada. Parece que sirvió ya que no he recibido ninguna llamada de ellos. Solicité una factura como comprobante de mi compra y la misma se la facilité a mi médico-dietista. Ella, que era una gran prescriptora de ellos se quedó bastante sorprendida ya que, entre otras cosas, ese documento no era una factura legal.
Creo que no se puede presionar tanto a unos clientes cautivos, como es el caos de Pronokal y no creo que su estrategia comercial les augure una gran reputación de marca.

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